Las Provincias

Encarnarse en Valencia

Rita fue querida. Por muchos y por mucho tiempo. Lo decían los votos, los apretones de manos por la calle y la consternación desde que se supo la noticia de su muerte. Lo confirman, en su casa, las velas y las flores que valencianos anónimos han ido depositando desde ayer. Lo evidencian quienes firman en el libro de condolencias aun sabiendo que su familia no conocerá nunca su nombre ni su pesar. A Rita Barberá los valencianos la han querido y eso -ella lo sabía- no se lo va a quitar nadie. Ése fue su mérito, que no es fácil ni repetible. ¿Es una bula? Ni mucho menos. Pero es un hecho y es justo mencionarlo.

Valencia hoy se siente un poco huérfana y los sentimientos no son incompatibles entre sí. El afecto no impide ver las arrugas ni los defectos de una madre pero relativiza mucho sus pecados mortales. El cariño consigue evitar que la constatación de la falibilidad cristalice en fobia, odio o desprecio. Y lo hace desde el dolor que causa la contradicción emocional. Sabemos que no era perfecta pero era nuestra. Eso le pasa a Valencia en las últimas horas. Rita fue la gran mamma del Mediterráneo, la alcaldesa de España, la cosechadora de votos para el Partido Popular, la encarnación de Valencia misma en un exagerado antropomorfismo de la ciudad.

Rita fue todo eso y la historia de Valencia no se entenderá sin ella. Como no se entiende sin miles de personajes que han tenido aciertos y errores pero han logrado quedar en la memoria de esta ciudad.

Por eso, el Cup i Casal la llora hoy, porque su entrega a Valencia, más allá de lo que hiciera o permitiera hacer, no justifica un final tan triste, fuera de su tierra, expulsada del grupo al que aupó, condenada sin sentencia y vilipendiada hasta en el furgón funerario. Prueba de su importancia es la presencia de una alcaldesa en la prensa de toda España y la unanimidad desde A Coruña a Algeciras. No es el 'caso Taula' ni «el caloret» los que la llevan a la primera plana en su despedida. Sin ellos, también hubiera estado hoy en portada. Era todo un personaje mucho antes de iniciar su penoso mutis de los últimos años. Y, si lo era en toda España, con más razón en Valencia. Lo explicó ayer Rajoy en el mejor resumen de su figura: «dedicó su vida a Valencia». También Aznar le atribuyó esa entrega al PP pero no tiene comparación ni pago justo. Pudo dar el salto a otras tareas y otros cargos menos expuestos pero ella era alcaldesa por encima de cualquier otra cosa. Por encima incluso de la prudencia que le aconsejaba retirarse antes de que la pira ardiera con ella dentro. Esa entrega, desmedida y desnortada al final, es lo que debería recordarse hoy. Con sus fracasos, abusos y fallos, Rita quería a Valencia con toda su alma y era correspondida. Ojalá quienes en estos meses se han erigido en justicieros en nombre de la ciudad le entreguen siquiera el diez por ciento del tiempo, energías y corazón que le dio Rita Barberá.