Las Provincias

BANCARROTA

Ya casi no sorprende a nadie que el Valencia se codee con los más modestos de La Liga. Ya casi no sorprende a nadie que el Valencia haya hecho de la derrota y la mediocridad una seña de identidad y ya casi nadie alza la voz ante el desacato que se está perpetrando con un histórico del fútbol. El valencianista asiste -casi resignado- al ninguneo con el que cualquier equipo de medio pelo somete al Valencia en un Mestalla silente, con su propietario en un continente lejano ajeno al lío en el que él mismo está metiendo a la entidad y con un distanciamiento casi irreversible entre un club autista y una afición descreída. Desde el cese de Nuno, el propietario colocó a un amiguete de entrenador que casi lleva al equipo a segunda. Una vez consumada la debacle se deposita la confianza en Pako que, lamentablemente, tampoco está a la altura quedando patente que no era la solución que necesitaba el club y se confía la dirección deportiva a García Pitarch que no ha contribuido sino a empequeñecer al Valencia hasta el extremo de que hoy nos parezca casi normal mirar de tú a tú a equipos como Osasuna o Sporting. Suso no está capacitado para ser director deportivo de un equipo de fútbol profesional y en cualquier otro club hubiera sido fulminado el mismo día que salió Ayestarán por la puerta. Con sus errores y omisiones le está haciendo un daño irreparable a la institución que tanto dice amar. Tampoco Prandelli ha aportado gran cosa de momento, entre otras razones porque le han entregado una plantilla a medio hacer, pero ha sido necesaria su llegada para que 'airee' las innumerables carencias de dicha plantilla y para que verbalice una realidad tan dolorosa como grave: la pelea del Valencia hoy en día tiene mucho que ver con el descenso y nada con la Champions. Pese a que Layhoon se llenara la boca hablando de Europa y de lo aprendido en la temporada pasada para no repetirlo en esta, la verdad es que su empresa -que es su empresa pero sigue siendo el club en el que tantos y tantos valencianos tienen depositados recuerdos imborrables y sentimientos muy profundos- se ha convertido en una gran factoría de fracaso y desesperanza con Lim en el papel del 'hombre invisible' y unos compañeros/a de reparto que están abocando al Valencia a la bancarrota deportiva. Lim fue recibido en la ciudad con honores de Jefe de Estado pero, como no cambie radicalmente su disparatada política para con el Valencia, lleva camino de convertirse en persona 'non grata' para el valencianismo. Muchos de quienes le pusieron la alfombra roja hoy reniegan del magnate asiático pero sus críticas y sus reproches -al igual que los nuestros- no llegan a Singapur y, si lo hacen, ni siquiera sabemos si le importan mucho, algo, poco o nada. La solución no es fácil porque las acciones son suyas y hoy de poco sirve el lamento. Vayamos todos rezando porque lo que necesita hoy el Valencia, con estos señores dirigiendo de esta manera, es un milagro.