Las Provincias

SIGUEN EN LA OPOSICIÓN

Frente a la erótica del poder, la comodidad de la oposición. Gobernar es mucho más atractivo, dónde va a parar. No sólo porque el concejal o el conseller que gestiona un departamento tiene a su cargo funcionarios, presupuesto y contrataciones, sino por todo lo que le rodea, la cohorte que le sigue, el caso que le hacen en cualquier acto, el lugar destacado que ocupa. La oposición es más triste, no hay más que ver a algunos exaltos cargos del PP andar hoy por Valencia, solitarios y a veces cabizbajos, como un ciudadano más, y recordar los tiempos no tan lejanos en que su llegada a un evento se asemejaba a la de una gran estrella de Hollywood entrando a la gala de entrega de los Oscar. Ahora bien, lo que sí tiene la oposición es que es más fácil relajarse, desconectar, hacer vida de funcionario, trabajando de 8 a 3 y por la tarde en casita. Pasarse veinte o veinticuatro años en los bancos de la oposición no es sencillo, pero, al mismo tiempo, es cómodo. Tanto, que puede llegar a crear adicción. Hasta el punto de que da la sensación de que algunos de los actuales dirigentes municipales o autonómicos siguen desempeñando aquel papel, el de controladores del Gobierno, y no acaban de asumir que ahora son ellos el Ejecutivo. El concejal de Comercio, Carlos Galiana, se quedaba tan ancho hace unos días proclamando para quien lo quiera escuchar que tal vez haya llegado el momento de convocar movilizaciones contra la libertad horaria. Y yo que creía que las movilizaciones se hacían contra el Gobierno de turno... Sigue funcionando como si estuviera en la oposición. Como su compañero Fuset, el polémico concejal de Fiestas, tan moderno a veces, tan retrógrado otras. Ahora que tienen el mando, hay sectores con los que no se atreven, en los que actúan con el freno de mano echado porque, mentalmente, siguen en los bancos de la oposición. Salir a solidarizarse con una pobre ancianita a la que iban a desahuciar de su casa porque había avalado con su piso el hipotecario de su hijo era muy sencillo, no había más que ponerse una camiseta y acudir a la dirección que el partido facilitaba, y una vez allí, a dar voces. Una vez instalados en los despachos de la Generalitat y del Ayuntamiento, ya han podido comprobar que parar los desahucios desde el poder no es tan fácil, que existe una ley y unos procedimientos judiciales que no se pueden parar así como así. De hecho, los desahucios han ido a más en la Comunitat desde que gobierna la izquierda y el nacionalismo. En las Fallas acabamos de asistir a una demostración del machismo más rancio y decadente de las últimas décadas. Y con los horarios comerciales seguimos sin aclararnos acerca de qué es lo que se puede y qué es lo que no. Qúe cómoda era la oposición, qué complicado es gobernar.