Las Provincias

Los perniciosos tics de Fuset

El intento del Ayuntamiento de obligar a las falleras de la corte de honor a vestir de determinada manera cuando no van vestidas de falleras es mucho más que una anécdota porque refleja y muestra algunos de los perniciosos tics de la Administración actual.

En primer lugar, las ganas de crear problemas donde no los hay. Que se sepa, nunca jamás ninguna fallera, pero tampoco ningún valenciano se ha quejado de la vestimenta de las falleras ni de sus comportamientos. Jamás. Y sin embargo ahí está el concejal delegado de Cultura Festiva (sic) y presidente de la Junta Central Fallera decidiendo cómo han de vestir y facultando al acompañante que las recoja para obligarles a cambiarse de ropa. Anda, sube a tu casa y te cambias, que vaya falda más corta te has puesto. Ya digo que es inventar problemas que no existen. Recordemos que una de las reivindicaciones ¿políticas? de Fuset es la creación de la selección valenciana de fútbol, quizás como respuesta a los miles y miles de ciudadanos que mañana y tarde se manifiestan en la plaza de San Agustín pidiendo una selección de fútbol valenciana.

La segunda peculiaridad es intervenir en la vida privada. Les pirra. Enlazo con los renglones de hace una semana: Ribó, el alcalde, nos aconsejaba en qué debíamos emplear el domingo, que para eso es alcalde. Se trata de reglamentar la vida cotidiana para que los ciudadanos logren la felicidad, pero sin contar con ellos. Despotismo ilustrado a la valenciana: «Nosotros y no tú sabemos qué es lo que te conviene». Dale una gorra a un gorrilla y se creerá capitán general. Y así, hasta se dictamina en qué idioma hay que rotular los carteles o se prohibe que alguien se bañe con bandera roja, aunque sea un experimentado surfista.

Y queda una tercera expresión: la burocracia. El acompañante de la fallera podría encontrarse con una negativa de la muchacha cuando le pida el cambio del color chillón por otro más sufrido. Qué barbaridad, una muchacha insumisa y extremista. No hay problema: el acompañante puede, según la norma, castigarla y obligarla a permanecer en su domicilio, eso sí, consultando previamente con la vicepresidencia. Consulta previa con la vice. Se había creído el acompañante que tenía toda potestad sobre la fallera. Pues no. Por encima está el comisario vicepresidente. El propio Fuset rectifica e intenta defenderse del disparate anunciando que habrá revisión de la norma por parte del Servicio de Igualdad (otro sic), es decir, de la Nomenklatura.

Crear problemas donde no los hay, intervenir en la vida privada, excusarse en la burocracia y, por encima de todo, despreciar así a las mujeres debería llevar al concejal Fuset, a él sí, a permanecer en su domicilio o al menos a mantenerse alejado para siempre del Ayuntamiento. Quieran o no quieran su acompañante, la vice o la Nomenklatura.