Las Provincias

ANTE EL ACOSO, EFICACIA DE LAS NORMAS

Con motivo del Día Internacional de la Infancia, el Síndic de Greuges celebraba la semana pasada una jornada sobre convivencia en la escuela en la que se habló sobre acoso y ciberacoso escolar. La alarma social está aquí, lo que desgraciadamente no impide que de nuevo estas semanas hayamos conocido nuevos casos de violencia en las escuelas. Al respecto, hay dos premisas que es conveniente recordar para enmarcar el debate. En primer lugar, que las escuelas no son recintos violentos y que, por probabilidad, hay otros lugares mucho más peligrosos. En segundo lugar, que las escuelas no pueden ser recintos violentos. Menos que cualquier otro, pues ahí no sólo es que haya menores, sino niños y niñas obligados por ley a escolarizarse. La sociedad -las familias- por tanto tienen todo el derecho del mundo para exigir a las administraciones que se esmeren en la seguridad y cuidado de los estudiantes. A mi, padre, me obligas a llevar a mis hijos al colegio; tú, Administración, te obligas a que estén bien atendidos.

En dicha jornada del Síndic, se explicaron varios proyectos de prevención del acoso como el TEI (Tutoría entre Iguales) que ya se aplica en 700 centros de toda España o el finlandés KiVa que se abre paso poco a poco. En el 'mercado' hay otras muchas propuestas que desarrollan proyectos con distintos matices y perspectivas pero que buscan el objetivo común de mejorar la convivencia en el centro. Las administraciones, en general, reaccionan a este reto de dos maneras diferentes. Diciendo más, gritando más, poniendo más grande el letrero de 'Tolerancia cero' y cambiando la normativa. Sobre lo primero, es obvio que el acoso escolar, como otros temas como la violencia doméstica o los accidentes de tráfico, requiere de mayor sensibilización social. La conciencia general contra la violencia, en sus múltiples formas, debe ampliar su mayoría, de tal forma que aspire a la totalidad de los individuos, incluso en aquellos entornos donde la realidad la dificulta.

La otra herramienta de las administraciones es el constante cambio de normas. La indignación y la reacción son las primeras fases de cualquier organismo público al saltar el último caso. Lo cierto es que en la Comunitat tenemos las herramientas para poder hacer frente a este reto. Tenemos un Observatorio para la Convivencia desde 2004, el plan PREVI, el Registro Central de Incidencias, en 2008 se aprobó un completo decreto que ya incluía un protocolo sobre el ciberacoso, todos los centros diseñan su propio plan de convivencia, recién se ha dotado de horas al docente coordinador de igualdad en los centros. y los protocolos de actuación están revisados y actualizados.

Ni nos faltan normas ni sensibilidad, nos falta, quizás, eficacia para seguir reduciendo el acoso en las aulas. Y para ello hay que buscar una solución para una de las mayores injusticias que produce el sistema, pues en numerosas ocasiones el asunto se soluciona con el cambio de centro del acosado. Ante la falta de respuesta, o la dificultad de obtener resultado, tantas veces sus padres optan por escolarizar a su hijo en otro centro, solucionando, sí, el problema en el centro a costa de llevarse su pena.

El asunto es complejo pues derecho a la Educación lo tienen todos, víctimas y agresores, y por tanto el castigo de la expulsión o similares están limitados tras un procedimiento, por ser menores, en extremo garantista.

Lo fácil, desgarradoramente fácil, es que la víctima se vaya a otra parte. Qué injusto, digo, que esa solución encuentre tantos puentes de plata.

Más cuando ya ni siquiera, en la era de las redes sociales, sea solución. Lo hemos visto en el último caso, éste en Alicante, donde el cambio de colegio de la escolar no impidió que este curso fuera acechada en las redes y en su móvil por antiguos compañeros, según las crónicas.

En la última evaluación de los planes de convivencia de los centros, la Conselleria señala que sólo el 53% de los casos de acoso y el 44% de los de ciberacoso registrados han sido resueltos favorablemente. También se apunta, a pesar de su fama, que medidas como las tutorías entre iguales o la mediación escolar y las aulas de convivencia son las de menor impacto en la mejora de la convivencia. En cambio, la de mayor impacto, de forma destacada, es la elaboración de normas de aula y de centro.

Ay, tener normas claras y aplicarlas, ¡a quién se le ocurre!