Las Provincias

EL ACUERDO

Albert Rivera, siempre dispuesto a entenderse con alguien que acepte sus condiciones, está preparado para admitir una subida de los impuestos llamados 'especiales', que son los que gravan todo lo que nos gusta. Las cuentas de 2017 no cuadran y es preciso hacer algunas reformas, aunque nos hagan la puñeta. No sabemos si él fuma o bebe porque siempre comparece en la tele, donde están suavemente prohibidas esas malsanas costumbres. Quizá don Albert sea un virtuoso de sus vicios, pero no tiene más remedio que consentir que aumente el precio del tabaco, del alcohol y, de paso, el de los carburantes, por si el estanco y el bar nos pillan lejos y tenemos que utilizar algún medio de locomoción. Lo único intocable al alza son las tarifas del IVA y del IRPF, para que no se libre nadie.

Las crisis auténticas son las duraderas, ya que las otras son sólo malas rachas y no llegan a convertirse en costumbres. Nos salvamos de algunas anteriores, cuando mucha gente que no podía llegar a fin de mes llegaba a algún acuerdo. Ahora son más necesarios que en otras largas ocasiones, pero hasta la gestora socialista los recibe con prevención. Javier Fernández, que nos cae bien a casi todos en comparación con el reaparecido Pedro Sánchez, da la impresión de que no sabe indignarse. Nada podrá verse más claro hasta que se celebre el congreso y para luego es tarde.

Los nuevos impuestos serán unas viejas trampas si los tahures son los mismos. Muchas personas decentes sufrieron la canallada de la 'amnistía fiscal'. Todo depende de poder acoplar el dinero que no tenemos, para que no se obligue al señor Montoro a explicarnos que un nuevo recorte es absolutamente imprescindible. Hay que echarse a temblar cuando se oye hablar del 'céntimo verde' para el carbón y del 'céntimo verde' para los carburantes. Los grandes acuerdos se toman sobre otras cantidades. Incluso sobre la cantidad de golfos que se han llevado lo que no era suyo y lo han puesto lejos.