Las Provincias

EL RELEVO

Teníamos previsto que Trump fuese imprevisible, pero no que girase como un trompo en su política económica. El triunfador magnate va a deparar a todos algunas sorpresas que estaban fuera del catálogo. Los que han sustituido a los que mandaban son los mismos que mandaban y aseguran que su lucha es contra la desigualdad, aunque consista en el empeño imposible de equiparar por arriba, excluyendo a los metecos. No hay que negarle al nuevo presidente de la nación más poderosa del ancho y ajeno mundo que conozca mejor que nadie las costumbres nómadas del dinero. Desde que nació, y aún antes, lo ha tenido a su servicio y ahora le ha servido para que lo elijan incluso los más pobres. La subida de las recetas populistas sólo falla cuando el populismo alcanza el poder. Hasta entonces todo va de maravilla, ya que la «engañosa esperanza» (el adjetivo es de Shakespeare) sigue siendo la fiel amiga de casi todos los votantes. Aunque esté desnuda, sentimos la necesidad de abrigarla, porque no tiene nada que ponerse y nos da lástima. García Lorca decía siempre que, si sabemos esperar, las frutas maduran y los nudos se deshacen. A él no le dieron tiempo a verlo.

Lo que aguardamos ahora es otra política económica. Como si no lo fuesen todas. En Estados Unidos se han registrado 701 incidentes contra menores inmigrantes y negros en escuelas primarias y secundaria. Los niños aprenden lo que ven. Un pediatra, aún más paciente que los que van a su consulta, ha contado que le llegan, porque los traen, chicos y chicas de 12 y 14 años. La muerte de una niña de esa edad, que no es edad, ha sido noticia, pero ha tapado otra: que 5.000 menores fueron atendidos por intoxicación etílica en 2015 en los servicios de urgencia en España. Se nos pone el hígado de punta con noticias así a todos los que nos gusta tomarnos una copita. No de tarde en tarde, sino todas las tardes. Hay que saber beber, pero a ellos no les va a dar tiempo. La precocidad puede ser un suicidio.