Las Provincias

Pioneras

Contrariamente a lo que se suele pensar, la presencia de las mujeres en la esfera del Valencia Club de Fútbol no es un hecho reciente. Si bien la incorporación de las féminas a las tareas directivas sí es un fenómeno relativamente actual (para hallar a la primera ejecutiva del club en su historia, Beatriz Delgado, apenas hemos de remontarnos dos décadas), su participación en la vida de la entidad fue una realidad evidente desde hace noventa años. Y su implicación en todas las parcelas, desde la animación hasta la propia práctica deportiva, va mucho más allá del tópico y lo anecdótico.

Si dejamos de lado la casi folklórica figura de madrina, un honor puntual reservado a las esposas de los presidentes o directivos del club, el primer nombre de mujer que aparece con honores en la historia del Valencia es el de una profesora de música del conservatorio municipal, Lolita Soriano Raga. La historia, relatada por lo menudo, merece ser contada de nuevo aunque sea de manera sintética. Cuando el Valencia, ya establecido en Mestalla, decidió dotarse del preceptivo arsenal simbólico, encargó la composición de una canción que representara al club. Lolita Soriano, entonces una muchacha, armó, con la colaboración de Bernardo Duties, un himno vibrante (aunque algo barroco para el gusto actual) cuyo estreno en 1924 coincidió con el de la bandera oficial y fue todo un éxito. No obstante, y a pesar de la insistencia de nuestra protagonista hasta su muerte, la canción cayó en el olvido poco tiempo después, oscurecida por la enorme resonancia del Valencia del maestro Padilla (adoptado como himno no oficial por el club) y, por qué no aventurarlo, por la condición femenina de su autora.

Desde el punto de vista estrictamente deportivo la participación de las mujeres en la vida del Valencia tampoco es una novedad de los últimos años. Hace tres décadas la excelente historia gráfica de nuestro fútbol publicada bajo los auspicios de la Caja de Ahorros de Valencia exhumó diversas imágenes de mujeres peloteando en Mestalla, enfundadas en pintorescos trajes, durante un partido benéfico en 1929. Años después, Miquel Nadal documentó en su indispensable El nacimiento de la ciudad deportiva un partido disputado en 1931 en la Plaza de Toros entre los equipos femeninos del Valencia y el España. Ambos formaban parte de una pequeña liga de fútbol a nueve surgida del encuentro benéfico antes citado, carente de una reglamentación oficial pero relativamente popular. Tanto que aquel primitivo Valencia femenino, que vestía con camiseta y calzón blanco y medias negras y al que entrenaba Rafael Guerrero, llegó a embarcarse en diversas giras nacionales e internacionales en las que las Pepita, Eloísa, Noguerón, Chatiu o Lucas asombraron a propios y extraños.

La intermitencia en la historia del Valencia femenino, agravada por la ausencia en la prensa de informaciones sobre partidos de mujeres («una aberración», apuntaban algunos semanarios deportivos de la época) permitió una breve secuela a principios de los años setenta. Merchina Peris, hija del histórico gerente don Vicente Peris y guardiana de nuestra historia, jugó en el equipo asociado al club (que disputaba, como su precedente de los años treinta, una liguilla local) y fue la primera mujer en marcar un gol en Mestalla en septiembre de 1970.

No obstante, la participación femenina en el Valencia no se circunscribe exclusivamente al ámbito futbolístico, sino que, amparada bajo el maravilloso paraguas que supusieron las secciones deportivas del club (tristemente finiquitadas por Paco Roig) proporciona muchas más historias de mujeres que defendieron con honor y orgullo el escudo del Valencia. A partir de 1959, nombres como los de Amparo Torrente (tenis de mesa), Ana María Sigueró y Mary Arnal (bolo-pista) y Merche Cano, Marisa Zabala o Gabi Pfinstein (atletismo) se hicieron familiares para los aficionados gracias a sus triunfos. Tampoco hemos de olvidar la articulación como parte de la entidad de equipos femeninos en deportes grupales como el hockey o el rugby, que se mantuvieron activos hasta la década de los noventa.

Este breve recordatorio histórico quedaría incompleto, sin embargo, sin la obligada mención a Paquita Regües, que fue, durante décadas, la única empleada del Valencia. Regües, fallecida en 2009, entró en el club en los años cincuenta como telefonista y permaneció en las oficinas de la entidad hasta su jubilación a principios de los noventa. Ella fue la encargada de abrir un camino que posteriormente sería transitado por otras recordadas trabajadoras del club como Amparo Sanjuán o Marta Alegría. Fue una más, en definitiva, en la lista de pioneras que contribuyeron a abrir las puertas del Valencia a las mujeres.