Las Provincias

El pijoaparte

La política nacional va a entrar en pocas semanas en el nudo gordiano de la legislatura que no son ni los presupuestos, ni la reforma laboral, ni el pacto educativo, sino el intento de desconexión de Cataluña. El presidente Rajoy ha encargado a la vicepresidenta y su equipo de abogados del Estado hacer una envolvente al nacionalismo insumiso no con el fin de resolver el problema sino de seguir ganando tiempo para que la burbuja independentista vaya perdiendo tensión y no se acabe rompiendo la vajilla. Soraya como una moderna Penélope empezará a tejer una alfombra de financiación, de retórica pro-catalanista, de gestos de reconocimiento, de mucha zanahoria y la dosis soportable de palo constitucional. Como la esposa de Ulises agobiada por los pretendientes tejerá proyectos por la mañana y los destejerá por las noches hasta que el sueño de los 'indepes' acabe chocando con la realidad. La 'vice' es de las que confía en encontrar la complicidad de una burguesía catalana pactista, cultureta, folclórica, pero pragmática, cuyo rastro, sin embargo, hace tiempo que se ha perdido. Es más, hay quien sostiene que esa burguesía es un mito del pasado. Que no quedan sino las cenizas del esplendor. Y puede que no les falte razón. Tanto silencio ante el procés es sospechoso. Quedan los Gay de Montella en Foment del Treball y los escuchantes del Círculo Ecuestre que invitan a una copita de cava a los políticos de 'Madrit' cuando suben a Barcelona para dar una charleta.

Pero nada que ver con los políticos-burgueses que alentaron la Lliga Regionalista, los Cambó y Prat de la Riba. Las multinacionales y la globalización han dejado la burguesía catalana convertida en una cáscara vacía con apellidos patricios de linaje muy sonoro pero sin resortes de poder financiero o industrial como antaño. Al contrario, la pequeña burguesía catalana es la que se ha hecho con los resortes del poder comprando, a veces con recargo del tres por ciento, voluntades políticas. Ahora vive del presupuesto de la Generalitat y se ha puesto la estelada por montera. Pero a falta de la burguesía poderosa de antaño el que ha revivido es el personaje de Marsé: 'Manolo Pijoaparte'. Aquel emigrante andaluz que en la icónica novela de los sesenta, 'Últimas tardes con Teresa', se hacía pasar por obrero antifranquista para encandilar a Teresa Serrat hija de ricos de Pedralbes. El nuevo fichaje de ERC, con su camisa negra desabrochada y sus zapatos blancos, mirando desafiante al hemiciclo es el vivo retrato del personaje. Es un provocador nato. Ha metido el miedo en el cuerpo al PSC; y los Iceta, acomplejados, han desobedecido a su comité federal. Pero 'pijoaparte' puede acabar conduciendo a los suyos al ridículo llevando al extremo de lo cómico el discurso independentista. Al final se puede convertir en un cómplice 'involuntario' de Madrid. A falta de burguesía pactista un activista-charnego desnortado. Atenta, doña Soraya.