Las Provincias

FUSET, RECTIFICA

Leo una y otra vez las normas impuestas a las falleras mayores de Valencia y sus cortes de honor y sigo sin dar crédito. Decoro, dignidad y responsabilidad son tres de los conceptos que aparecen en un documento más propio de una novela burguesa del siglo XIX para señoritas que de nuestros días.

De nada sirve que el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset, anunciara el viernes por la noche, después de la somanta de palos que le dio la propia vicepresidenta del Consell, Mònica Oltra, que el servicio de Igualdad revisará lo referente a la indumentaria de particular, uno de los apartados que más vergüenza ajena provoca. El mal ya está hecho, la pasta de dientes se ha salido del tubo y lo más digno para él sería anunciar hoy mismo, antes de la asamblea de presidentes de mañana, la anulación completa de todo lo que firmaron las falleras. Sin más.

Tampoco me vale que anoche desvelara el edil fotocopias con normas de protocolo de anteriores mandatos. Sendos comunicados de expresidentes de la Junta Central y de falleras mayores de Valencia desde 1980 (vaya tela, lo nunca visto) afirman que no se firmaba nada ni se daba ninguna orden. Ahí está la diferencia y, si quieren distanciarse de la etapa anterior, no repitan errores.

Más que equivocaciones, estupor es lo que ha causado el veto a las transparencias y los escotes «excesivos» en los actos que las falleras vistan de particular, por no hablar de la longitud de las faldas y las restricciones a los vaqueros.

Lo dicho, más propio de lo que esas directrices las firmara un canónigo para las cortesanas de Isabel II que un gobierno municipal supuestamente progresista y que dedica una concejalía a los asuntos de la igualdad, entre ellas la de género. Un gobierno que por cierto ha protagonizado escenas tan sonrojantes como la asistencia de un edil al hemiciclo en chándal.

Parece que lo que importa es obligar a firmar que las prendas no deben ser «excesivamente cortas ni llamativas» cuando haya que subir a un escenario. O que no pueden fumar desde que las recogen en sus casas hasta que las devuelven. O que tienen prohibido el uso del móvil en los actos oficiales. Como lo oyen, decirle a una persona en 2016 que tiene vetado un artilugio imprescindible.

Ni móviles ni cámaras fotográficas ni «cualquier otro elemento electrónico». Es que el tema no hay por dónde cogerlo. En una mascletà, por ejemplo, nada de aprovechar el momento del terremoto para un selfie. Lo que toca es sonreír «discretamente» y saludar con una mano. Habría que recuperar el vídeo de la Crida donde detrás del alcalde Joan Ribó había dos personas fotografiándose en el momento de los discursos, móvil en mano y pasándose el protocolo por el Arco del Triunfo.

El documento deja muy claro que los derechos de imagen de las falleras mayores y las cortes de honor pertenecen a la Junta, pero que si las 26 mujeres y niñas aumentan una talla de calzado, los zapatos nuevos se los tienen que pagar de su bolsillo. Se me ocurre una palabra para eso: miserable.

La reacción de los falleros demuestra que la fuerza social en el cap i casal ha pasado del fútbol a las Fallas. Si ahora Paco Roig pidiera la ampliación de Mestalla que le concedió el Ayuntamiento, seguro que le darían con la puerta en las narices. Pero la fiesta josefina se ha reivindicado como escenario del 'Juego de Tronos' valenciano, con Fuset colgando de un hilo mientras Oltra sopesa cortarlo. Han sido ya varias ocasiones en las que el concejal de Cultura Festiva, portavoz municipal de Compromís y por lo tanto posicionado en teoría para el hipotético relevo de Ribó en 2019, ha tenido que echar marcha atrás. La novedad es que ahora ha entrado en escena la jefa.

Los responsables de la Junta tienen mucho trabajo si pretenden mantener el documento. Varios artículos destilan una apariencia de misoginia y una obsesión por el control, lo que me sorprende sobre todo en lo primero por lo que pretende el gobierno tripartito. Lo digo por el artículo 38, donde se indica que el vicepresidente de turno puede obligarlas a que no acudan a un acto si considera que la vestimenta de particular no es la adecuada. O el 60, donde se indica que cuando llegue el momento de desfilar, se pondrán en el puesto correspondiente «en silencio y de forma ordenada». Como si tuvieran que recordárselo a jóvenes brillantes, licenciadas o estudiantes, que han querido dedicar un año de su vida a las Fallas.