Las Provincias

¡Ambición señores, ambición!

Comentaba ayer el partido para Radio Marca, y el analista del Granada CF, acabó por admitir que, aunque el empate era bueno, sentía no estar contento del todo. A lo que yo le contesté: «Pues si tú no estás contento del todo con el empate del Granada hoy en Mestalla, yo creo que lo nuestro es un desastre».

Estamos en situación deportiva alarmante, con una crisis galopante a nivel social e institucional, y con la necesidad de ganar partidos sí o sí, como decía el inolvidable Luis Aragonés, «por lo civil o por lo criminal». Y no lo estamos consiguiendo. Esto no cambia. Nos cuesta una barbaridad crear oportunidades claras de gol, y las pocas que creamos, no nos sirven para lograr suficientes goles que aseguren las victorias. Muchos jugadores por detrás del balón, y cuando logramos profundizar por banda, bien con Cancelo o con Gayá, muy pocos futbolistas del Valencia alcanzan el área con posibilidad de remate.

Los rivales acumulan jugadores en defensa, ocupan y cierran los espacios, no permiten combinaciones sencillas, la precisión debe ser extrema, y finalmente consiguen que nuestro juego ofensivo sea previsible y difícilmente desequilibrante. Y repito, cuando llegamos a línea de fondo y centramos, no hay nunca más de uno o, como mucho, dos jugadores para finalizar. Así es muy difícil, complicadísimo.

Prandelli lo corrigió en la segunda mitad, Parejo ya no vino tanto a recibir, y fruto de un desmarque de ruptura del madrileño, llegó el gol del empate valencianista. Dio la sensación de que acabaríamos sacándolo, como muchas otras veces en Mestalla, y más por corazón y empuje, que por calidad y sapiencia. Pero ellos conservaron la calma, no se descompusieron, aguantaron y con el paso de los minutos, se sacudieron el dominio local, y dejaron de sufrir. No fue como otras veces, aquellas en las que estás convencido de que el Valencia marcará y, aun con muchos apuros, los tres puntos se quedarán en casa. Pero flotaba en el ambiente, al menos así lo percibí yo, de que iba a ser muy difícil que la victoria quedara en Mestalla. Y eso es altamente preocupante. La misma preocupación que generan, tanto los gestos como la expresión del rostro y los actos del técnico italiano. La rueda de prensa así lo indicaba, pero lo que más me llamó la atención fue que él mismo acompañase a sus futbolistas en el saludo final de la plantilla a los aficionados que tanto esperábamos de ellos. No suele ser habitual. El entrenador marcha al vestuario, y los jugadores saludan. Pero Prandelli detecta resignación, conformismo, hundimiento, pesimismo. Y no quiere que el equipo se le caiga anímicamente. Sabe que las cosas van mal, que es muy complicado mejorarlas, que se le trajo para lograrlo antes del mercado de invierno, y empieza a darse cuenta de la dificultad que ello conlleva. Y sabe que va a Sevilla, donde no es nada fácil puntuar, y no quiere que el equipo se rinda de antemano. Absolutamente comprensible su actitud. Y estoy con él. La situación es delicada. Aun así yo sigo siendo optimista. Europa es alcanzable. La Champions parece imposible. Pero este club, dos años sin jugar competición europea, no puede estar. ¡Ambición señores, ambición!