Las Provincias

Dos ruedas

Durante toda la semana he seguido con interés el subrayado especial que el periódico, como es su obligación, ha puesto sobre algunos aspectos candentes de la presencia de la bicicleta en la ciudad. Los reportajes y reflexiones que se han publicado han dejado claro un factor: el paso del tiempo no lima las tensiones entre viandantes y ciclistas, la costumbre no nos trae buenos hábitos, siguen siendo mucha la gente del pedal que hace lo que le da la gana y no entra en la vereda de que son conductores, llevan un vehículo y se han de atener a obligaciones.

Dejando aparte lo profundo que en el futuro pueda ser el fenómeno ciclista -es evidente que ahora circulan menos que en verano y bastantes menos que cuando la crisis estaba en lo más agudo- es preciso aceptar que el uso de la bicicleta se ha abierto hueco en la ciudad y no solo eso sino que ha modificado su estructura, el ancho de las aceras, la configuración de los cruces, el trazado de las calles y los semáforos.

Eso me lleva directamente a una necesidad que ya he expuesto en este rincón más de una vez: la urgente necesidad de que la bicicleta, como vehículo, esté registrada en alguna parte como lo están los coches, las motos, y todos los vehículos dotados de algún tipo de motor, con la evidente finalidad, sea quien sea el conductor de la herramienta, de que la máquina esté vinculada, desde su primera salida a la calle, a un seguro de responsabilidad y a una responsabilidad garantizada. Desde luego, con un pago anual al Ayuntamiento al que esté vinculada; que es, por otra parte, el que está haciendo el esfuerzo de crear carriles especiales, modificar las aceras y mantener la pintura.

La placa ciclista, la que antes se llamó 'chapa', es preciso que regrese. El número de registro, como la matrícula de cualquier vehículo, haría posible la detección de cualquier comportamiento irregular. De igual modo que es exigible que los agentes del orden, y los funcionarios, lleven legible su número --y en otros países también su apellido-- es un deber elemental que las bicicletas lleven identificación oficial.

Todo eso sin olvidar que la bicicleta, que es un vehículo de tracción tradicional, va a ser sustituida paulatinamente, por vehículos mucho más eficientes y baratos. En el mercado hay ya, esperando, docenas de modelos de sillas, motos, coches y patinetes eléctricos de dos o tres ruedas, que usan baterías cada día más eficientes. Toda la gama de los vehículos 'segway', dos simples ruedas con motor, que se frenan o aceleran mediante el desplazamiento del centro de gravedad, va a ser, es ya, habitual en las ciudades turísticas y llanas, durante los largos meses de buen tiempo. Y los ayuntamientos no es que van a tener que hacer frente a muchas novedades crecientes, sino que deberán estar atento a sus movimientos como vehículo motorizado. Y a cobrar para compensar el nuevo gasto.