Las Provincias

Una enfermedad extensiva

Felipe VI se estrenó ante las Cortes abriendo la legislatura. Podemos, ERC y Bildu montaron su zafio número al uso. Compromís de bulto junto a ellos. Como siempre. Baldoví y compañía siguen empeñados en ofrecer una imagen burda, chusca, cutre y sectaria en Madrid que perjudica a la sociedad valenciana. Querencia que en definitiva responde a lo que son por mucho que Mónica Oltra se disfrazara de novicia para acudir al plató de 13TV, crucecita al cuello incluida. Desplantar al Jefe del Estado resulta una memez enorme que no es de recibo en ninguna nación cabal. Monárquica o republicana. Gran Bretaña y Francia. Impensable en ambas. Todos esos botarates radicales aprovecharon además la ocasión para negar otra vez el aplauso a las víctimas del terrorismo cuando fueron recordadas por la Presidenta del Congreso. Una vileza que retrata su extrema inmundicia moral. Chusma aupada a los escaños que son un auténtico riesgo para la convivencia democrática. Antes o después se vera. Ahora a pechar con lo que venga. Desde luego no saldrá gratis que la política haya terminado envilecida al máximo y devaluándose de manera tan grave. Deterioro inducido a base de alimentar una suma artera de rencor, ignorancia, hipocresía, fulanismo, demagogia, frivolidad y manipulación mediática sazonando la mezcla también con la pestilencia de la corrupción y el absurdo diletantismo acreditado por aquellos que renunciaron a dar en su momento la imprescindible batalla de la ejemplaridad, los principios y las ideas. Nada extraño desgraciadamente teniendo en cuenta que la indolencia, el relativismo y la vulgaridad imperan a granel en el conjunto de la realidad ciudadana. La grosería, la falta de educación cívica, el desprecio al cuidado de las formas, la aversión al sentido del deber y el imperio del papanatas son síntomas claros de una enfermedad extensiva. ¿Cuánto de ello subyace por ejemplo en el caso de la tromba ciclista invadiendo las aceras de la que tanto se ha hablado aquí durante los últimos días? La sentencia que esta semana ha exonerado al podemita Zapata por sus 'chistes' en Twitter sobre Irene Villa y la indulgencia pública con la que se tratan las mangarrufias de Iglesias y su tropa constituyen por igual un obvio exponente de lo dicho. El asunto vergonzoso del pisito de Espinar es el paradigma perfecto. Algo pues habrá que cambiar en la mentalidad colectiva si se quiere poner freno a esta ola de incivismo, chabacaneria y matonismo discursivo que pulula por doquier. El perverso embrutecimiento canalla de la vida nacional alcanza ya cotas insoportables. Empezar a plantarle cara con la verdad, la opinión y la ley a tanto rufián desbocado es una tarea necesaria. Ciertamente. Sin embargo parece que al abundante tontismo patrio solo le inquieta Donald Trump. Curioso. Será quizá digo yo porque el tipo queda muy lejos y nada arriesgan al mojarse.