Las Provincias

DESEABLE, CONVENIENTE, ¿POSIBLE?

Cuando se refieren a la situación económica, los sindicatos acostumbran a calificarla como desastrosa. Si luego pasamos a juzgar la situación concreta del empleo entonces elevan el calificativo a la categoría de catastrófica. Tiene sentido, pues todo ello se deriva de su frontal oposición al ideario, supuestamente liberal, del Gobierno del PP. Digo lo de 'supuestamente' porque una cosa es la presentación al público de los programas y otra, bien distinta, la actuación concreta cuando se gobierna que, en este caso, es claramente socialdemócrata. ¿Le parece exagerado? ¿Como se denomina, entonces, a un Gobierno que a la primera dificultad, trata de arreglarla con el sencillo recurso de subir los impuestos y que después, cuando le llegan para pagar los gastos 'supuestamente' irrenunciables, endeuda al país en más de 300.000 millones de euros en cuatro años?

Pero, en cualquier caso, el discurso cambia radicalmente cuando se trata el asunto de los salarios. Entonces todo el panorama económico se torna tan saludable que se exige de inmediato una subida generalizada de los mismos. ¿Está justificada la petición? Pues muy cierto que las cosas han cambiado, aunque los sindicatos no quieran reconocerlo y a los empresarios les cueste hacerlo. La actividad se ha recompuesto, los beneficios de las empresas se recuperan y la inflación comienza a desperezarse tras un largo periodo de hibernación. ¿Ha llegado entonces el momento de subir los salarios?

Vayamos por partes. A nivel de los deseos está claro que a todo el mundo le encantaría que le mejorasen el sueldo. ¿Hasta ahora voy bien, no? Luego, si miramos al mundo de la economía desde las alturas podemos asegurar también que la subida general de los salarios sería muy conveniente para el país. Pondría más dinero en el bolsillo de los trabajadores que podrían dedicarlo a aumentar su consumo, lo que elevaría las ventas de las empresas, con la previsible mejora de sus beneficios y con el casi seguro incremento de sus plantillas. Además, todo ello nos llevaría a un beneficioso incremento de los ingresos públicos al recaudarse más por IVA, Sociedades, IRPF, etc.

¿Entonces, por que no se hecho ya? Pues si se lo pregunta al secretario de cualquier sindicato le contestará, sin dudar un segundo, que es debido a la maldad intrínseca de los empresarios. Es una respuesta contundente, pero no creo que sea acertada. Diría más bien que ello es consecuencia de un par de factores que deberíamos solucionar para facilitar la deseable y conveniente subida de los salarios.

El primero, y quizás el más importante, es que la cuestión no se puede observar con ojo de águila, desde las alturas macroeconómicas, sino desde el suelo, por donde pisan los bueyes. Es decir, a nivel de cada empresa. Unas podrán hacerlo, y lo deberían de hacer, si eso no daña su competitividad y otras no podrían sin poner en peligro sus márgenes y su propia supervivencia. No tendría sentido mejorar los salarios hoy, para empeorar la viabilidad mañana.

Otra cuestión, que es necesario comprender, consiste en que los salarios en España son excesivamente inflexibles. Una vez que suben ya no bajan casi nunca, aunque eso conlleve en ocasiones la desaparición de la empresa y de los sueldos que pagaba antes y eso constituye una gran barrera de resistencia. Parece claro que las subidas se aceptarían mejor por parte de los empresarios durante los tiempos de bonanza si estuvieran seguros de poder reducirlos cuando llegasen épocas de penurias. Flexibilidad es el nombre de la medicina que cura casi todas nuestras enfermedades. Pero es amarga y nadie quiere ingerirla.