Las Provincias

¿ANTE UN CAMBIO DE ESCENARIO?

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses nos ha recordado un viejo concepto que no hace mucho parecía condenado a los libros de historia: la inflación.

Sin duda es todavía muy pronto para poder juzgar las medidas económicas que pueda tomar o no el nuevo presidente, pero los mercados han tomado la delantera y comienzan a descontar que estimular con bajadas de impuestos e inversión en infraestructuras a una economía en crecimiento y próxima al pleno empleo llevará irremediablemente a un crecimiento significativo de los salarios y de los precios. Por tanto, los tipos de interés -especialmente los de largo plazo) comienzan a subir con una cierta intensidad.

A ello podemos sumar la tendencia al proteccionismo de la que ha hecho gala el candidato Trump, así como su voluntad de aliviar la regulación a sectores como el financiero, dos factores que podrían estimular aún más el crecimiento de la primera economía mundial. De modo que nos encontramos con un escenario negativo para la renta fija de alta calidad y plazos largos, y positivo para los sectores más cíclicos en renta variable, la deuda de empresas de media calidad a plazos cortos y también para el dólar, que es justo lo que hemos visto en las últimas sesiones.

En caso de confirmarse el escenario antes descrito de mayor crecimiento e inflación, sin duda esta tendencia debería mantenerse en el tiempo y, por tanto, deberíamos sobreponderar este tipo de activos en nuestras carteras. El problema es que todavía es muy pronto para afirmar que eso vaya a ocurrir. Es más, poco o nada sabemos de los detalles de esas recetas económicas. ¿Cómo van a financiarse esos planes de inversión? ¿Serán totalmente públicos, o de colaboración público-privada? ¿Cuánto y a quién se van a bajar los impuestos? ¿Qué pasa con el déficit público y el techo de deuda? ¿Cuándo y cuánto va a rebajarse la regulación bancaria y cuál será el impacto a medio plazo?

Además, otra de las piedras angulares del discurso de Trump ha sido su voluntad de replantear la política comercial de Estados Unidos, especialmente frente a los países emergentes. Eso puede provocar, a su vez, efectos adversos, como un menor crecimiento mundial que termine afectando a otras áreas, o incluso una guerra comercial entre los grandes bloques económicos.

En definitiva, no es descartable que efectivamente vayamos hacia un mayor crecimiento económico si se aplican esos estímulos y que eso lleve aparejados incrementos en la inflación y los tipos de interés. Pero, por el momento, quizás estamos viendo más bien una sobrerreacción de los mercados hacia los activos más claramente sobrevalorados tras un prolongado periodo de tipos muy bajos. Además, las semanas que se avecinan van a estar cargadas de acontecimientos relevantes, como el referéndum constitucional en Italia y las reuniones de los principales bancos centrales en las que podrían decidirse cambios el plan de expansión monetaria del BCE y subidas en los tipos oficiales de la Reserva Federal.

Por tanto, y aunque se dé por bueno un escenario más inflacionista, no conviene tener demasiada prisa en rotar la cartera hacia esos activos de mayor riesgo, aunque tengamos cierta sensación de estar perdiendo un tren. Por el momento, la reacción de los mercados responde más a una expectativa que a una realidad, y seguro que veremos movimientos en ambos sentidos en los próximos meses, a medida que esas expectativas vayan siendo confirmadas o defraudadas.

Así que estaremos atentos a cómo se vayan desarrollando los acontecimientos e iremos introduciendo cambios paulatinamente en las carteras si ese escenario de mayor inflación se confirma, con especial atención a los mercados que deberían presentar mayor volatilidad a corto plazo, como son los emergentes. Aunque van a estar en el foco de atención y probablemente muestren más volatilidad, pueden ofrecer interesantes oportunidades de compra, tanto en deuda como en acciones, si se producen movimientos bruscos.