Las Provincias

Reclamación salarial

La publicación del primer Índice de Precios del Trabajo elaborado por el INE acompañó ayer a un dato estadístico que ofrece una visión general de lo que ha supuesto la crisis. Entre 2008 y 2014 los ciudadanos españoles con trabajo perdieron un 9,2% de su poder adquisitivo. Se trata de un indicador siempre engañoso, dado que representa la media entre quienes vieron cómo se desplomaba la relación entre el sueldo que percibían y el coste de la vida, mientras que otras familias -las menos- han podido transitar por dos recesiones consecutivas sin un especial quebranto para sus economías. Se trata además de una conclusión extraída sobre la evolución salarial, sin especificaciones, de aquellas mujeres y hombres que durante ese período permanecieron dentro del mercado laboral en tanto que contratadas durante el período y las condiciones que fuesen. La noticia permite a cada familia verse ante el espejo de ese 9,2% de pérdida de poder adquisitivo para comprobar si su particular vivencia cuadra con el dato. Los sindicatos avanzaron ayer sus prevenciones sobre el método de cálculo del IPT. La credibilidad de las instituciones en su función legislativa, reguladora o mediadora de las relaciones industriales y laborales depende en gran medida de la fiabilidad de las estadísticas públicas, de su homologación con el entorno europeo y, cómo no, de que se renuncie a una utilización sesgada y partidista de los datos disponibles. La nueva legislatura da inicio precisamente cuando todas las instancias internacionales advierten de la necesidad de que en España se revisen los salarios para su alza. Es algo más que una recomendación, es ya una advertencia que puede incomodar a las empresas como empleadoras pero que ayuda a recordar que son, además, proveedoras de servicios y productos que requieren una mayor capacidad de demanda. La congelación y la reducción salariales no tienen cabida hoy más que en compañías que dudosamente sortearán sus dificultades por esos medios, y que tampoco así garantizarán a medio plazo beneficios para sus accionistas. Hay demasiados hogares que han perdido mucho más que una décima parte de su anterior poder adquisitivo, y muy pocas que hayan salido ganando a pesar de la crisis.