Las Provincias

LOS NINOTS SE QUEMAN

Leí hace pocos días una pieza en este mismo diario sobre el presidente de la Diputación de Valencia, Jorge Rodríguez. El autor sostenía, espada en mano, que la quietud con la que se maneja el responsable de la institución provincial le situaba en una posición idónea para afrontar con garantías de éxito la etapa que necesariamente tendrá que abrirse el día que Ximo Puig abandone la secretaría general del PSPV. Rodríguez, es verdad, se ha especializado en eso que suele definirse con la expresión «confundirse con el paisaje». Se sabe que hay presidente de la Diputación porque alguien debe estar al frente de esa institución. Pero esa indefinición con la que se maneja el alcalde de Ontinyent, con la intención razonable de no pisar ningún charco, amenaza con asemejarle a esos ninots que lucen tan espectaculares el día de la plantà, pero que acaban devorados por el fuego la noche del 19 de marzo. A Rodríguez le pasó un poco eso el día que le estalló en la cara el nombramiento del marido de Carmen Montón al frente de Egevasa. El dirigente socialista se apartó como pudo y dejó que la consellera de Sanidad y Mónica Oltra se acuchillaran en público a cuenta de aquello. Pero esa actitud de navegar entre dos aguas no disimuló el hecho de que la empresa que nombraba al bueno de Alberto Hernández era de la institución provincial. La invisibilidad como estrategia puede dar resultados, no diré que no. Es muy probable que Rodríguez pactara con Puig que dispusiera de las arcas de la Diputación. Y eso le ha permitido al presidente de la Generalitat subvencionar los programas de empleo, los libros de texto y ahora el fondo de cooperación municipal, entre otros. Lo que resulta más discutible es que la institución provincial tenga que ser también la pagana de la insostenible situación financiera del PSPV. Vender, alquilar o convertir en un Zara la sede de los socialistas valencianos es una cosa. Pero que la nueva Imelsa pague los sueldos de buena parte del personal de confianza de algunos de los altos cargos del socialismo valenciano, es otra y amenaza con convertir a la institución provincial en el banco particular de los socialistas. El día que este periódico le preguntó a Rodríguez si sabía que la secretaria de un vicesecretario socialista cobraba de la Diputación aunque trabajaba en el partido: «A ver, podría pasar, pero que yo sepa, no ocurre, y si me entero, actuaré». No actuó, y a la secretaria se la han unido, entre otros, el chófer. La Diputación ha estado a punto de hacer frente a la deuda acumulada por el partido con el abogado de confianza de la calle Blanquerías. Ayer, Rodríguez se decidió por fin a actuar aunque el incendio declarado en el seno de Divalterra -entre los dos gestores oficiales y el tercero en discordia- comienza a arrojar tanto humo como las mejores fallas.