Las Provincias

COMPARACIONES

Estamos intentando la cuadratura del círculo vicioso. No hay que desanimarse nunca. Ni desencantarse, ya que jamás hemos estado encantados, pero hay que seguir. Estamos bien de muchas cosas, entre ellas de espías. Hay tantos que habría que uniformarlos para distinguir a los verdaderamente vocacionales de los que siguen a sueldo, ya que las gabardinas blancas están en desuso, hartas de hacer siempre los dos mismos viajes: ir a la tintorería y regresar de allá.

¿De qué pueden enterarse los espías que ya no sepan? El asiduo Le Carré era un párvulo comparado con internet y ha llegado el momento de que todos los que quieren custodiar un secreto deben publicar un libro, confiando en que no lo lea nadie.

Ahora lleva la gente la ideología en la camiseta, para que se sepa si es monárquico de toda la vida o republicano de siempre aunque sean convicciones recientes. Parece que eso es de lo que más nos urge, mientras Bruselas ha elevado a 7.700 millones de euros el ajuste de España para cumplir con el déficit. Una vez más se confirma que el dinero únicamente lo necesitan quienes piensan pagar sus deudas, pero nuestra reforma laboral sigue siendo muy alabada. ¿Cómo se explica eso cuando vamos a ser el único país europeo con un déficit mayor al 3% del PIB?

Quizás el secreto está en saber compararse con los que están mucho peor, en vez de hacerlo con los que les va muy bien. En Venezuela, que era riquísima hace nada, no se podrá retirar de los bancos y de los cajeros más de 10.000 bolívares al día, cantidad que suena muy bien pero que equivale a cinco dólares. Ha hallado Maduro, después de algunos titubeos, el mejor sistema para que sus compatriotas se administren: que no tengan qué administrar. Un buen gobernante, antes de manejar los micrófonos, como él ha hecho, debe manejar el dinero para que no lo derrochen. No tenían para medicinas, pero ahora no tienen para lujos. Lujos de cinco euros.