Las Provincias

VUESTROS MAYORES

La pobreza, que siempre ha sido una forma de afrentar a las personas que viven muchos años y ya no pueden ganarse la vida, se extiende, pero es problema de los otros. De los mayores con reparos y sin posible reparación, de su egoísmo congénito y quizá hereditario. La muerte de esa anciana de Reus, que vivía sola y le cortaron la luz por falta de pago, nos debiera preocupar más que las dificultades que encuentra el PP para buscarle un cargo al exministro del Interior, señor Fernández Díaz, porque a él van a seguir amparándole Dios o el sistema y ella estaba desamparada por los dos. Tenía 81 años, que siempre son excesivos, aunque no sean demasiados. La pobre mujer se olvidó de apagar las velas y el fuego le prendió el colchón. Apenas unos renglones en la crónica de sucesos, pero afecta a siete millones de españoles.

¿Dónde quedan los móviles asuntos del botellón comparados con el de no poder levantarse ni siquiera para tomarse una copita? La vejez es una humillación y una enfermedad que únicamente cura la muerte. Se puede estar viejo sin serlo por dentro y contemplar a la pobre loba, que aún vive, pero le cuesta mucho trabajo levantarse de la cama. Hablo de vuestros mayores porque a mí hace mucho que no me quedan mayores. ¿Qué estamos haciendo por ellos? Un poeta español, santanderino por más señas, Juan Luis Hidalgo, que murió prontísimo, dijo que amaba a los muertos porque eran de su bosque. Ahora es una selva, ya que se vive más tiempo, pero en peores condiciones para seguir vivos. La vida debiera estirarse a partir de los cuarenta años, pero eso sería demasiado pedir y sabemos que no se nos da nada y menos gratis. Se asegura que la voz del pueblo es la voz de Dios, pero los audífonos sólo nos permiten escuchar con ciertas posibilidades de enterarnos de algo a los políticos que siempre dicen lo mismo, excepto cuando se callan hasta los codos para escuchar mejor a quienes les aplauden. Están pidiendo la palabra, quién sabe.