Las Provincias

Oscurantismo en Divalterra

La anunciada transparencia, los nuevos tiempos de luz y taquígrafos no han llegado a Divalterra, la empresa pública que sustituyó a Imelsa, una firma envuelta en escándalos de corrupción. Los actuales gestores de la Corporación provincial proclamaron a los cuatro vientos que se habían acabado prácticas y métodos caracterizados por el oscurantismo en las contrataciones, lo que había dado pie a arbitrariedades y presuntos tratos de favor. Pero lo cierto es que esta forma de actuar no se ha terminado, ni mucho menos. La auditoría de Divalterra del año 2016 revela que casi el 80% de los contratos realizados fueron adjudicados a dedo, sin un concurso abierto, al ser su cuantía inferior a 50.000 euros, por lo que la legislación permite este procedimiento directo. Aunque no sea ilegal el recurso, a nadie se le escapa que las Administraciones públicas -de todos los colores- suelen utilizar este método precisamente para eludir controles y poder dar la obra o el servicio de que se trata a una empresa determinada. Y lo hacen troceando lo que de otro modo excedería por su cuantía el límite de la adjudicación a dedo. Nada nuevo bajo el sol. Lo novedoso es que se produzca cuando los que ahora usan y abusan de la contratación sin concurso son los mismos que lo criticaron en la etapa anterior, de lo que se deduce una vez más que una cosa es lo que se dice cuando se está en la oposición y otra muy distinta lo que se hace cuando se alcanza el gobierno. Si Divalterra quiere de verdad hacer olvidar con su nueva marca los errores cometidos por la antigua Imelsa, no basta con un cambio de nombre de la empresa y una sustitución de personas en los puestos directivos. Hace falta que se incorporen sistemas y procedimientos que aseguran una auténtica imparcialidad en las contrataciones y que se acabe con cualquier tipo de sospecha. Los discursos que anuncian nuevos tiempos deben ir acompañados por acciones que certifiquen que efectivamente nos encontramos ante una nueva etapa, porque en caso contrario no habrá más remedio que constatar que con la nueva Divalterra se siguen cometiendo los mismos errores que caracterizaron a la vieja Imelsa