Las Provincias

LA 1 DE LA MADRUGADA

No tiene ningún sentido que un programa ideado para toda la familia acabe pasada la 1 de la madrugada. Porque supongo que 'MasterChef' está pensado para que sea disfrutado por espectadores de todas las edades, al fin y al cabo se emiten versiones de adultos e infantil, por lo que deduzco que los niños están dentro del público potencial del concurso de La 1. Tiene menos sentido aún que esto suceda en una cadena pública, que debe velar más que ninguna otra por la conciliación y no ha de andar a la pelea por buscar únicamente el dato de audiencia. Las emisoras privadas suelen alargar sus formatos hasta la madrugada (sobre todo Telecinco) para mejorar el 'share' total y para abaratar costes. TVE, al menos en lo primero, debería estar más despreocupada.

Los que hayan querido saber qué concursantes han sido expulsados en la edición con famosos que actualmente se ofrece han tenido que trasnochar las dos últimas semanas. A la 1 de la madrugada de ambos martes el jurado daba a conocer el nombre del elegido para abandonar las cocinas. Y todavía el espacio se alargaba un cuarto de hora más con una entrevista en la que Eva González repasa su paso por el programa. Un despropósito.

Al propio formato le hacen flaco favor las más de dos horas y media de duración. No las necesita. En otros países las versiones son mucho más reducidas. Todo sería más ágil en 'MasterChef' si se recortasen algunas pruebas y se quemaría menos el perfil de los concursantes.

Es una pena que esto suceda, porque hay que reconocer que TVE ha logrado un buen casting de famosos para sus fogones. No sólo tienen nombre (por su carrera), sino que además se están mojando. A Miguel Ángel Muñoz le han ofrecido el primer proyecto interesante de su carrera. Cayetana Guillén Cuervo empatiza con la audiencia y se está quitando el sambenito de tipa fría que siempre le ha acompañado. Loles León y Fernando Tejero se han revelado por su naturalidad, por la falta de pudor a la hora de exhibir miserias y por sus lenguas viperinas. A veces dan ganas de decirles: «Eres mala, Muriel», como en la película de P. J. Hogan.