Las Provincias

Rajoy enmendado

La aprobación en el Congreso de los Diputados de una proposición para dejar en suspenso el desarrollo pendiente de la Lomce y la contestación a la propuesta de Jorge Fernández Díaz como presidente de la Comisión de Exteriores de la Cámara Baja son dos claras muestras de que el PP debe atenerse al nuevo tiempo sin dilaciones. Tiene que olvidarse ya de su pasada mayoría absoluta y, además, no puede pretender que su actual situación en el Gobierno disuada a las otras formaciones parlamentarias de ejercer de oposición. La advertencia de que está en manos de Rajoy disolver las Cámaras en mayo de 2017 si se le complica la legislatura no es una baza a su favor, sino que podría volvérsele en contra una vez iniciado su segundo mandato. Gobernar en minoría exige abrirse continuamente al acuerdo. La Lomce ha sido tan discutida porque nadie creyó en las virtudes de la ley Wert, que su artífice impuso en nombre de la mejora y la calidad del sistema educativo. Tampoco creyó en ella el presidente. Las peculiares maneras de Rajoy, tan inclinado a gobernar por delegación, tan reacio a enmendar expresamente a los suyos y tan dado a corresponder a sus leales, entran en colisión con un momento que le reclama transaccionar con los demás grupos. No tenía sentido que propusiera a Jorge Fernández Díaz para presidir el Congreso, tal como se demostró con la negativa de Ciudadanos a secundar lo que se reveló como un mero ardid negociador. Tampoco tenía sentido que el PP se esforzara en asignarle nada menos que la presidencia de la Comisión de Exteriores del Congreso, cuando había sido objeto de una censura parlamentaria inapelable por sus manejos contra integrantes del gobierno de la Generalitat. Es un juego que lleva a Rajoy a quedar mal con los demás grupos, reacio a un diálogo explícito, y a aparecer como un dirigente que especula con el futuro personal de quienes se han mostrado fieles a su ejecutoria. El Gobierno en minoría del PP está obligado a hilar mucho más fino para procurarse la continuidad de la legislatura, y a hacerlo cada día. Han bastado dos sesiones parlamentarias para comprobar que la amenaza de nuevas elecciones no amedrenta ni a las formaciones que pudieran temerse otro revés.