Las Provincias

Pídeselo a la luna

Cuando la justicia no responde como esperamos, cuando la coherencia se evapora, cuando la lógica deja de aplicarse no nos queda más remedio que encomendarnos a fuerzas extraterrenales. A falta de convicciones religiosas el universo ofrece alternativas. Los planetas, las estrellas y astros diversos son manoseados sin escrúpulos, dotándoles de poderes que precisan de una fe ciega para creer en ellos. Posiblemente sea la luna el elemento al que más veces se le han concedido atributos de la personificación. Si ya de por sí le requieren respuestas, recibe peticiones y despierta mitos esta semana ha tenido trabajo extra. Son las consecuencias de mostrarse en todo su esplendor. No era luna, era superluna, la más grande de cuantas han salido en las noches desde 1948.

La ciencia nos explica que como la órbita de este satélite no es exactamente circular su distancia de la Tierra va cambiando, lo que provoca que a veces se encuentre más lejos y otras más cerca, y por tanto la veamos de mayor tamaño. Es superluna cuando está en fase llena y muy cerca de lo que llaman el perigeo. Desde 1948 no se daba una coincidencia tan exacta como la de este mes. Y no volverá a suceder hasta 2034. Y a saber dónde estaremos, cómo y con quién dentro de 18 años. Así que hemos pasado de lo científico, de lo verídico, de lo factible y le hemos otorgado directamente superpoderes.

¿Cuántos deseos habrá recibido la luna en los últimos días? Me atrevo a decir que miles. Porque nadie somos supersticiosos hasta que lo somos. Por si acaso. El por si acaso funciona con frecuencia en nuestra sociedad. No vaya a ser que... En algunas culturas se la relaciona con bestias y según se vea más plena o no causa un estado de ánimo u otro. Euforia y alegría si está llena. Ganas de renovación cuando está menguante. Inestabilidad e incertidumbre si la luna es nueva. Y si es creciente, afán de superación personal.

A la luna se le pregunta por el tiempo que hará al día siguiente, suponiéndole capacidad de anticipación de lo climatológico. La luna cercada de lluvias cargada, dice el refrán. Y también se la mira para decidir si se corta uno el pelo o no. No hay que olvidar que, supuestamente, bajo su influencia se convoca a los hombres lobo, que de pelo precisamente van bien servidos.

Las mujeres que quieren ser madres se lo piden a la luna. Las mujeres que van a ser madres le piden un buen parto. Y cuando ya lo han parido le piden que lo cuide. No es que el hombre no pida pero, al parecer, el efecto no es tan inmediato. En esto debe de haber discriminación positiva. Se le hace responsable de la locura, se le exige luz para afrontar los problemas con claridad, se le presume con fuerza para velar por nuestros intereses. Los muertos le suplican vida. Los vivos que no les conduzca a la muerte. Cómo estará el mundo organizado para que tengamos que buscar soluciones a casi 400.000 kilómetros de distancia.