Las Provincias

La Atención Temprana descentrada

Hace unos treinta y cinco años que comenzaron a realizarse en nuestro país tratamientos denominados de Estimulación Precoz para atender en edades tempranas a los niños con discapacidades, desde una visión eminentemente rehabilitadora y una metodología neoconductista. Con el paso de los años, el esfuerzo de profesionales, asociaciones de padres y el apoyo institucional, fueron proliferando a lo largo del territorio estatal unidades y servicios de Estimulación Precoz, que anticiparon lo que pasó a denominarse Atención Temprana, al ampliarse el campo de acción y las formas de abordar estas problemáticas.

En junio del año 2000, tras 6 años de trabajo de un equipo de expertos guiados por el consenso, se publicó por el Real Patronato sobre Discapacidad el Libro Blanco de la Atención Temprana, convirtiéndose en una referencia fundamental para este sector. Una de las cuestiones clave que plantea este documento es que la Atención Temprana no sólo se dirige al niño, sino que considera también a la familia y al entorno en el que se desenvuelven. Otra de las aportaciones relevantes del texto mencionado es que deja claros los principales ámbitos de intervención de la Atención Temprana desde Sanidad, Educación y Servicios Sociales, otorgando a los Centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana (CDIATs) un papel primordial para aplicar estos programas, en unas condiciones de eficacia y calidad, tanto por los recursos materiales y los equipamientos específicos de que disponen, como por la configuración multidsciplinar de los equipos técnicos especializados.

Cabe señalar que el citado documento también plantea como uno de sus principios básicos la necesidad de diálogo, integración y participación. En consecuencia, el perfeccionamiento y el futuro de la Atención Temprana han de estar guiados por criterios científicos, por el acuerdo, por el respeto y por la voluntad de seguir mejorando el cumplimiento de sus objetivos y del servicio que presta a los niños con diversidad funcional o con factores de riesgo, a sus familias y a la sociedad, con una visión holística que responda a las necesidades individuales de cada caso.

Lo que se ha dado en denominar 'modelo centrado en la familia', que focaliza en ésta la acción de los profesionales y que se desarrolla en el domicilio familiar, viene planteándose por sus defensores como el único que es válido para llevar a cabo la Atención Temprana. Lejos de valorar y aprovechar los conocimientos, la experiencia y los logros de cuantos han trabajado en Atención Temprana en nuestro país, quienes lo promueven pretenden convertir la utilización de prácticas centradas en la familia en un nuevo y único paradigma de este tipo de intervenciones. Y lo hacen en aras de una infundada rentabilidad económica, con planteamientos excluyentes y sectarios, tratando de imponer ese modelo 'hogareño' y menospreciando la labor que se viene realizando en los CDIATs.

El Libro Blanco plantea la necesidad del empoderamiento de las familias, teniendo en cuenta los entornos naturales, y su protagonismo en el marco de la Atención Temprana, sin establecer una localización física concreta del trabajo a realizar, ni de que ésta tenga que ser exclusivamente un servicio a domicilio, ni tampoco de que obligatoriamente la Atención Temprana se tenga que hacer en el hogar. No es excluyente, considera que las intervenciones se pueden plantear en el CDIAT, en la escuela o en la casa. No se tienen que hacer interpretaciones interesadas del citado documento, en lugar de forzar a todos los profesionales a seguir un único modelo y sugerir que nada de lo que se está haciendo está bien, avancemos en la mejora de las posibilidades que ofrece la Atención Temprana, incorporemos conocimientos y buenas prácticas, prioricemos sobre la calidad y eficacia de los tratamientos, mejoremos los recursos para que las familias que lo precisen dispongan de la mejor oferta para sus hijos e hijas.

El progreso es el resultado de la suma integrada de conocimientos, de recursos y de posibilidades para disponer de bienestar, alcanzar el desarrollo integral y la calidad de vida de todas las personas. En este sentido, la Atención Temprana es un medio estratégico imprescindible para proteger el desarrollo de muchos niños y niñas que tienen dificultades que pueden comprometer sus posibilidades individuales, su plena inclusión en la sociedad, y para que sus familias cuenten con los apoyos que precisan y sean más competentes; con criterios de sectorización, gratuidad, universalidad e igualdad de oportunidades. No abramos debates estériles, no planteemos contiendas absurdas, no restrinjamos ni limitemos a un patrón cerrado y único la práctica de la Atención Temprana.

Es injustificable plantear ahora un cisma sobre el modelo de trabajo de la Atención Temprana en base a criterios dogmáticos, cuando precisamente ésta tiene una naturaleza abierta y ecléctica. El 'modelo centrado en la familia', digámoslo claro, es un retroceso, es volver a una situación ya afortunadamente superada, es restringir las posibilidades que la Atención Temprana ofrece, es una visión descentrada y parcial de cuanto desde ella se viene haciendo y se puede ofrecer cercenando su potencial. No impongamos modelos, no cerremos horizontes. Sumemos.