Las Provincias

TOCAR TECHO

Tendrán que agacharse nuestros más expertos economistas para que no se rompan los cuernos al intentar reducir el déficit de las comunidades autónomas. Hay que cumplir con Bruselas, porque lo prometido es una deuda cada vez más creciente. Quien paga descansa, pero sólo un poco más que el que cobra. Los españoles podemos descansar en paz si pagamos lo que debemos y Rajoy, que es muy formal, no encuentra la forma para quedar bien con nuestros acreedores. Ni siquiera la manera de quedar medio bien, que sería pagarles la mitad. El dinero, que es el gran protagonista de la película de terror, sólo preocupa a los acomodadores, pero se ha convertido en un libro de familia. La suegra de Armengol sucede a Rita Barberá. Parece que los pisos de lujo le gustan más a todo el mundo, incluso a los que vivían en viviendas protegidas. Los nuevos ricos dejan de serlo porque se habitúan rápidamente y con holgura a su nueva situación y se comportan como si siempre lo hubieran sido. Ya sospechó Léon Bloy, que para saber la opinión que Dios tiene del dinero basta con fijarse en la gente a la que se lo da.

No es enteramente justa esa valoración, porque hay personas a las que no se les da, pero ellas se lo toman. El Banco Central Europeo acaba de lanzar un grito de alerta sobre las consecuencias negativas del triunfo de Trump. Quizá lo mejor que nos puede pasar a las personas corrientes es que el hombre de moda pasara de moda lo antes posible. Tiene tantas casas y tantos rascacielos que nunca podrá tocar el techo en algunos de ellos, pero Norteamérica adora a los triunfadores económicos. Al buen Obama, que ha encanecido velozmente, lo ha reemplazado el del pelo amarillo, que puede seguir tomando del frasco y echárselo en la cabeza durante bastantes años. Dentro de cien todos calvos, pero él seguirá atusándose el pelo, o sea pasando por él la mano mojada en el dinero que le han dado, legítimamente, sus votantes. Ellos lo han querido y los que no lo querían tienen que aguantarse.