Las Provincias

El hipócrita Évole

Lo último que podía imaginar Jordi Évole cuando publicó un tuit sobre las atrocidades que se cometen para obtener el coltán, un mineral necesario para la fabricación de móviles, es que las redes sociales se le fueran a echar encima. Se suponía que su reportaje era un ejercicio de libertad y de denuncia para que tomemos conciencia de lo que hay detrás de nuestro confort. Sin embargo, que el tuit revelara haber sido publicado desde un iPhone, el smartphone de Apple, hizo que más de uno le acusara de ser hipócrita.

No es la primera vez que sucede algo parecido. Es el signo de nuestro tiempo y sobre todo de lo que para algunos es el postureo de una nueva izquierda, urbanita y de cierto poder adquisitivo, que difunde sus críticas desde soportes de las nuevas tecnologías. En una palabra, el perroflauta con iPhone.

El problema con el que nos encontramos a diario es que la sociedad de consumo se ha magnificado tanto que vivimos una auténtica burbuja consumista. Burbuja que casa mal con la crisis económica. Nos enseñaron a comprar, a gastar, a consumir desaforadamente y no sabemos dejar de hacerlo aunque nos reduzcan el sueldo, nos dejen sin recursos y nos obliguen a ajustarnos el cinturón. La postura más razonable es hacer un cambio de vida. Si no se puede salir a cenar, convirtamos la cena en casa en una fiesta. Si no se puede renovar el armario cada temporada, aprendamos a customizar, a reciclar e incluso a coser. En lugar de eso, nos dedicamos a buscar chollos, low cost y precios de risa. Así, aunque la camiseta, el pantalón o el bañador del año pasado sigan enteros y disponibles, preferimos comprarnos otros en los bazares chinos, en las gangas y las tiendas de bajo precio con tal de renovar, estrenar y aparentar. La consecuencia es que tenemos que conformarnos con la ropa cosida en Bangladesh, en India o en China por trabajadores esclavizados o por niños que deberían estar en la escuela. Lo mismo sucede con los móviles. Podemos prolongar la vida de nuestro dispositivo mucho más allá de lo que nos hacen creer pero no nos resistimos a llevar el último modelo, a descargar la última aplicación de moda o a incrementar su capacidad para hacer fotos o vídeos narcisistas. El resultado es una producción industrial salvaje que debe responder a esa demanda aun a costa de sacrificios personales, sociales y medioambientales. Las minas de coltán son un ejemplo de todo ello. ¿Es hipócrita Évole? No más que los demás. ¿Son hipócritas los perroflautas con iPhone? Como el resto. Como el vegano que come tofu pero lleva zapatos de piel. El problema no es el móvil, es nuestra incapacidad para tomar conciencia de que la vida es otra cosa, de que se puede vivir con poco, disfrutar sin comprar y sentirse pleno con personas y experiencias, no con cosas. Ésa es la verdadera revolución pendiente que interpela incluso a los perroflautas que impulsan la suya por las redes sociales.