Las Provincias

Un Gobierno que gobierne

El bloqueo que ha mantenido España sin Gobierno durante más de 300 días, maniatándola en un periodo histórico en el que hace falta firmeza para terminar de salir del agujero de la crisis, concluyó gracias al volantazo de los barones socialistas. La caída de Pedro Sánchez y su teoría del 'no es no' puso en marcha la maquinaria institucional, pero de poco habrá servido aquella revolución si el nuevo Ejecutivo se ve incapacitado para empezar a gobernar. El mensaje del presidente Rajoy en la ejecutiva del PP desembocó en una advertencia a las otras formaciones. La tramitación de los Presupuestos para 2017 se ha convertido en la prueba del algodón que demostrará si de verdad existe voluntad de empezar a andar o por el contrario la maniobra del Comité Federal socialista sólo fue un camino para esquivar esas terceras elecciones que habría terminado de fulminar el partido. La votación de las cuentas públicas es el momento crítico que evalúa la estabilidad de un Gobierno en minoría. Una vez salvado el trance, podrá afrontar, más mal que bien, la suerte que corran las otras iniciativas legislativas que impulse. Por lo tanto, el trámite presupuestario aparece como la segunda parte de la investidura, sin la cual ésta quedaría sin efecto, según el criterio que se adivina en las palabras de Rajoy. No se trata de pedir docilidad sin condiciones a los grupos políticos que, por acción u omisión, han permitido el Gobierno del PP. Pero sí una coherencia que demuestre la verdadera voluntad de poner en marcha la legislatura. Por supuesto son necesarios los gestos de todas las partes, que Rajoy respete el acuerdo alcanzado con Albert Rivera, procurando su concreción mediante un diálogo franco que no ningunee al grupo -Ciudadanos- que le dio la llave de la investidura, y que al mismo tiempo encuentre una forma de cumplir las indicaciones de Bruselas ante la cual el PSOE pueda vender a sus correligionarios una 'segunda abstención', esta vez con las cuentas públicas de 2017. Pero de poco servirá cualquier mano tendida por parte de los populares si el socialismo español no asume que poner trabas desde el minuto uno de este complejo partido sería regresar al 'no es no', desautorizando a los barones que hoy por hoy pueden presumir de haber logrado con su visión de Estado que España afronte el despegue.