Las Provincias

LA DOCTRINA ESPINAR

La victoria de Ramón Espinar en las votaciones para elegir al líder de Podemos en la Comunidad de Madrid es muy preocupante se mire por donde se mire. En primer lugar, porque reafirma la deriva hacia el radicalismo y la extrema izquierda emprendida por Pablo Iglesias y cuyo único cortafuegos es la oposición interna que representa Íñigo Errejón, aunque de este sector -sorpresas te da la vida- forme parte la Rita Maestre 'asaltacapillas'. En segundo lugar, por el respaldo que recibe un político joven que ya muestra todos los vicios de los dirigentes clásicos, los de toda la vida, los que dicen a los demás lo que tienen que hacer y que es justamente lo que ellos no hacen. Y sobre todo, en tercer lugar, porque ratifica que el partido morado lo apuesta todo a un mesianismo que, como es habitual en estos casos, ve conspiraciones y enemigos por todos lados. Lejos de admitir su error, de reconocer el enriquecimiento, de asumir la anormalidad de su situación, Espinar -con el respaldo de Iglesias- se presentó como víctima de una trama en la que estarían implicados el PP y un grupo de comunicación que sencillamente no le ríe las gracias ni le promociona a todas horas. Estas 'explicaciones' del senador bastaron a sus camaradas y lo elevaron a la categoría de mártir, por lo que finalmente sirvieron para impulsar su campaña. Cuanto peor, mejor. Por más que les moleste, es inevitable comparar el caso de Podemos-Iglesias con el de Trump, productos televisivos ambos, aupados a la fama gracias a la crisis del sistema, de los grandes partidos, de la forma clásica de hacer política, fotocopias a la hora de proponer soluciones simplistas y demagógicas, imposibles de cumplir y que la cruda realidad se encarga de desmontar, como ya ha pasado en Grecia con el paraíso que prometía Syriza. A partir de ahora se ha instalado la doctrina Espinar, si me denuncian por corrupción es que soy un héroe, si están contra mí es porque les doy miedo, si tratan de derribarme mis compañeros tienen que apuntalarme porque eso significa que estoy en el buen camino. El anuncio de un tiempo nuevo en la política española ya es historia, el soplo de aire fresco que representó Podemos y su búsqueda de la transversalidad ha quedado en nada, en cambiar unas caras por otras, siglas por marcas. Y lo peor de todo, ha servido para escorar la izquierda hacia la radicalidad y las zonas de confluencia con los proetarras de Bildu, los soberanistas de Esquerra Republicana de Catalunya o los seudoanarquistas de las CUP. El gran error del PSOE sería caer en la tentación y abandonar el tono de moderación, renegar del centro y de la socialdemocracia para intentar disputar al partido morado la primacía de la oposición con un discurso igual de incendiario y antisistema.