Las Provincias

VICIOSOS

Al Levante se le acaba la chispa. Desde hace varias jornadas se va deslizando poco a poco -resultados al margen- hacia un estilo de juego enmarañado, sin ideas ni fluidez. Esta afirmación puede parecer excesiva o ridícula teniendo en cuenta la clasificación. Soberbia y petulante, incluso, pues cualquiera hubiera firmado estos números en agosto. Es la envidia de equipos como el Rayo, Getafe o Zaragoza. Pero, precisamente por eso, debe huir del conformismo, el peor enemigo de cualquier deportista. Ha de ser exigentes y buscar la excelencia. Ahora, con la confianza que da la superioridad en la tabla, es el momento de evitar un cortocircuito futuro, impedir que la amplia distancia respecto a los perseguidores se disuelva como un azucarillo.

Permítanme el atrevimiento de bajar al terreno y lanzar una serie de preguntas que todo granota se plantea desde la grada: ¿es obligado que Morales, excelente jugador, juegue siempre de titular pese a no estar en forma?, ¿cómo es posible que Rafael Martins pueda continuar en este equipo y llegue a disputar minutos teniendo a jugadores de la talla de Casadesús o Espinosa como alternativa? ¿es el central Postigo el jugador adecuado para sacar el balón jugado desde atrás? ¿la plantilla es realmente perfecta o tiene algunas carencias? ¿cómo es posible entonces que el entrenador , también excelente, pueda decir que pedir fichajes ahora supondría un vicio? Inaudito, ¡un técnico renunciando a refuerzos! Pues menudos viciosos están hechos los entrenadores. Ni siquiera tipos como Mourinho, Luis Enrique o Guardiola se atreven a renunciar a la llegada de nuevos jugadores que puedan mejorar sus impresionantes plantillas. Es cierto que Muñiz ha demostrado maestría al saber mezclar caviar con mendrugo, combinar calidad con oficio, técnica con contundencia. Pero el equipo tiene carencias evidentes. Pocas para Segunda, pero las hay. El técnico granota parece estar jugando al Jenga, ese juego consistente en acumular bloques rectangulares de madera de tres en tres formando una torre en equilibrio. Teme tocar cualquier cosa en la plantilla que pueda provocar la caída del entramado granota. «Virgencita, virgencita que me quede como estoy», parece decir. Ojalá. Pero no debe quedarse de brazos cruzados ante las señales de alarma por el evidente bajón del equipo. Quizás pequemos de exagerados pero este Levante no debería caer en la vulgaridad y el juego tosco de una categoría cuyo nivel de espectáculo puede llegar a exasperar al aficionado más entusiasta asistiendo a encuentros, como el del Cádiz, sólo soportables desde la filiación a unos colores. No me negarán que no es bonito poder plantear estas consideraciones como líderes con ocho puntos de ventaja. Por pedir que no quede. Puro vicio. Como reza el dicho: «Quien sobresale entre los demás suele ser el que da más muestras de inconformismo».