Las Provincias

Jorge Iranzo, el valencianista singular

El valencianista singular
  • Jorge Iranzo lució con orgullo los colores del Valencia, sin estridencias, flemático, entregado a la causa y seguro de la victoria

El Valencia era su vida. Jorge Iranzo no entendía la existencia sin estar presente en cada cita del club de sus amores. Allá donde jugara el Valencia se le podía encontrar, daba igual el día o la hora, la distancia kilométrica o las adversidades climatológicas. En todos los campos ha estado Jorge con su bufanda valencianista, dispuesto a animar y a lucir con orgullo sus colores, sin estridencias, flemático, siempre entregado a la causa, confiado y seguro de la victoria, derrochando su optimismo a raudales.

Jamás salió de su boca una crítica, ni una protesta, por leve que fuera, hacia ningún jugador del Valencia. Los reproches no entraban en su código de valores porque Jorge Iranzo se sentía parte activa de la entidad, era suya también y no iba a tirar piedras contra su casa. Con esa lealtad a prueba de bombas dio más de treinta veces la vuelta a España, que se dice pronto, siguiendo las andanzas valencianistas. En los buenos y en los malos momentos, siempre al pie del cañón, desde mediados de los años ochenta su presencia se hizo habitual en cada partido. En aquellos tiempos los desplazamientos estaban plagados de dificultades, carreteras complicadas, trenes nocturnos y un sinfín de adversidades. Esos desafíos no le arredraban lo más mínimo y cuando todos nos preguntábamos si sería capaz de llegar a la cita, aparecía por el hotel de turno saludando a los presentes.

Jorge Iranzo fue un valencianista atípico, reservado y poco amigo de la notoriedad. No admitía entrevistas ni buscaba el protagonismo. Se trataba con todos los enviados especiales de la prensa pero solía mantener una distancia prudencial. Las críticas al Valencia no las digería bien, estaba tan entregado al club de Mestalla que prefería mantenerse al margen de quienes están obligados a enjuiciar las incidencias de los partidos. Cada temporada elaboraba de forma artesanal sus calendarios que repartía por todas las redacciones. Allí aportaba notas propias que enmarcaba según las fechas. Jorge no fallaba ningún año. Hoy esos calendarios se han convertido en un entrañable recuerdo de su vida.

Mi último contacto con Jorge Iranzo fue sorprendente. El pasado 28 de octubre me envió un mensaje de móvil recordando que ese mismo día en 1989 compartimos viaje y partido en Valladolid. Me puso a prueba con el resultado y las incidencias de aquella noche. El Valencia venció por 0-2 en Zorrilla y Giner sufrió una grave lesión. Jorge me acompañó al hospital para elaborar las imágenes y grabar los testimonios del percance que al día siguiente aparecieron en el Minut a Minut y en los informativos de Canal Nou. El regreso fue tranquilo y relajado después de editar las imágenes en Madrid. Jorge conducía feliz por el triunfo a los mandos de uno de los varios vehículos que tuvo y que consumían miles de kilómetros y centenares de litros de gasolina al año hasta acabar con el motor extenuado.

Jorge sabía que una grave enfermedad le acechaba. Fiel a su estilo, no se descompuso, le restó importancia al cáncer e imprimió con más fuerza todavía el sello de la normalidad a su quehacer diario, siguió viajando con el Valencia, buscándose la vida, organizando la ruta que mejor se acoplara a sus necesidades. Así hasta el final de sus días, Jorge se ha ido de este mundo tras un fin de semana sin partido del Valencia. Un guiño del destino, la muerte no le podía visitar con partido en Mestalla o en desplazamiento. Todo un detalle. Hasta siempre Jorge, te recordaremos con cariño y nos guardamos las entrañables vivencias compartidas con la esperanza de que el Valencia vuelva a ser lo que siempre deseaste: el mejor equipo, porque para ti no había otro.