Las Provincias

Valencia, museo marítimo

Es oportuno hoy referirse a la situación del proyecto de museo marítimo en Valencia. La iniciativa de empezar a reflexionar en el seno de un grupo de trabajo tanto el Ayuntamiento de la ciudad y la Conselleria d'Habitatge, Obres Públiques i Vertebració del Territori como la Diputación y la Autoridad Portuaria de Valencia fue una muy buena noticia. Tanto por el método como por la oportunidad, porque muchos creemos en la necesidad de la creación de un museo marítimo moderno en la ciudad de Valencia. Y no sólo por nuestra historia, sino también por la realidad presente.

La lógica ubicación de los asentamientos de población a cierta distancia tierra adentro ha respondido a lo largo de la historia a la necesidad de seguridad frente a invasiones y de condiciones de salubridad adecuadas. Y esto es así en muchas ciudades costeras que hunden su fundación en la historia. Pero eso cambió ya muchas décadas atrás. La atracción por el mar se intensificó a partir de finales del XIX. Muchos ciudadanos viven en los barrios marítimos. Nuestra cultura y patrimonio artístico ha recogido muestras más que abundantes de su relación con el mar. El agua ha formado y forma parte de la vida humana, de la historia, de la civilización y de la cultura. Hemos vivido y vivimos del mar, del comercio a su través, de sus recursos. El Consolat de Mar de Valencia se creó en 1283, el de Mallorca en 1326 y el de Barcelona en 1347. Valencia no ha vivido de espaldas al mar. Sólo lo han hecho, y en tiempo pasado, un buen número de sus ciudadanos. Sólo ha sido excusa de inacción, de pensamiento dominante. Pero la ciudad y los ciudadanos están hoy conectados con su puerto, con sus barrios marítimos, con la construcción naval, valoran el mar y la costa, etcétera, todo lo cual no quiere decir que no haya ya problemas por resolver.

El arte de navegar ha recibido a través del tiempo y de la historia la atención y dedicación de muchas personas y profesiones. Constructores, cartógrafos, pescadores, militares, exploradores, mercantes, carpinteros, ingenieros, oceanógrafos y tantos otros, le han dedicado su vida y actividad. La historia de muchos países y enclaves se ha ligado a la actividad de sus barcos. Así, en muchos lugares el mar se ha convertido en símbolo de una cultura que ha constituido un patrimonio de especial consideración. La actividad mercante con oriente, el comercio que se desarrolla en el Mediterráneo o con ultramar a lo largo de la historia de Valencia y su territorio costero, dio y da pie al intercambio y transferencia de conocimientos. La importancia de las diferentes dominaciones, primero, y las condiciones de la actividad comercial y económica hoy día, señalan siempre la necesidad de tener flota para mantener cierta capacidad de dominio. El aumento del tráfico marítimo que viene produciéndose de manera continua desde el siglo XII se acompañó de la evolución de las embarcaciones y sus sistemas de propulsión y características. La historia valenciana está profundamente ligada al mar. Tanto por el contacto de gran parte de su territorio con la costa como por la actividad marítima, historia y cultura de sus tierras y gentes.

La actividad marítima no sólo incide sobre la tierra y sobre el agua, sino también sobre la memoria, sobre lo que nos hace humanos. Genera consecuencias encontradas, facilita nuestra vida sobre el planeta, proporciona recursos alimentarios, hace posible el tráfico de mercancías en nuestros puertos, conforma ciudades, estructura el territorio generando nodos y vías de comunicación. Y, desde luego, produce patrimonio: inmueble, mueble e inmaterial. A la vez, la actividad marítima, como cualquiera de las actividades humanas, incide y transforma nuestro medio ambiente y destruye el patrimonio. El patrimonio marítimo se configura con todos los elementos generados por la relación del hombre con la mar a lo largo del tiempo: barcos, cartografía, instrumentos de navegación, puertos, astilleros, canales, maquinaria portuaria, técnicas, conocimientos, creencias, organizaciones sociales, obras pictóricas, fotografías y otras audiovisuales, etcétera. Las estructuras, objetos y conocimientos que configuran el patrimonio marítimo están dotados de fuertes connotaciones que motivan la imaginación y curiosidad por saber. Pero es que, además, son un soporte especialmente estimulante para la difusión del discurso histórico articulado, la comprensión de la sociedad humana y la capacidad para planificar el futuro.

Pero simultáneamente el patrimonio marítimo es extremadamente frágil. Su concepto no está presente en la sociedad, no se muestra interés por su conocimiento. Las iniciativas que se plantean se amparan ocasionalmente en motivaciones turísticas o espurias, no existen criterios rigurosos de tratamiento. Muchas veces se entiende que el patrimonio marítimo es tan sólo el subacuático. Por eso es noticia y debe ser bien acogida que las cuatro instituciones valencianas trabajen conjuntamente sobre un proyecto de museo marítimo para la ciudad. La difícil relación que suele darse con enorme frecuencia entre puertos y ciudades puede mejorar sustancialmente si se valora adecuadamente el patrimonio portuario y las funciones que cumplen este tipo de instalaciones, esenciales para nuestra vida.

El próximo jueves se celebrará en las Atarazanas de Valencia la jornada 'Museos Marítimos para el Siglo XXI'. Se analizará, con la participación de expertos nacionales e internacionales, la situación, retos, posibilidades y objetivos de estas instituciones museísticas, así como el desarrollo del proyecto en Valencia. Buen momento para reimpulsarlo. Sin duda que el principal problema es su financiación. El puerto de Valencia tiene una deuda muy importante ambiental y social con los valencianos. Y a la vez el puerto dispone de fondos y bienes documentales de gran valía. En la sede de la Autoridad Portuaria de Valencia se halla un buen número de maquetas magníficamente producidas por artistas valencianos -Joaquín López, Francisco Cuello y José Carrión, entre otros-, así como fondos fotográficos y muchos otros bienes de enorme valía para formar el museo marítimo. Ese museo de Valencia puede y debe albergar para la sociedad valenciana el análisis del puerto desde los puntos de vista histórico, sociológico, ambiental y económico. Eso ayudaría sin duda a su comprensión y a la mejora de las relaciones del puerto con la ciudad y la ciudadanía. El puerto debe plantearse que quizás es momento y oportunidad para respaldar económicamente el proyecto de un museo marítimo en Valencia.