Las Provincias

Un problema de convivencia

La eclosión de la bicicleta como medio de transporte urbano, cuya utilización crece exponencialmente en los últimos tiempos hasta el punto de convertirla en el vehículo de moda, ha desembocado en un problema de convivencia con los peatones. No se trata de una cuestión estadística ni de una denuncia más de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, sino que basta con pisar la calle para comprobar la reiteración de conflictos y tensiones bajo los que subyace en muchos casos el desconocimiento de la ley por parte de quienes se desplazan sobre dos ruedas. En este sentido, la norma es muy clara: el peatón tiene la preferencia. Además, hay situaciones especialmente peligrosas, y en dicho capítulo cabría encuadrar las cada vez más numerosas quejas debido a la invasión de las aceras por parte de los ciclistas, incluso en zonas donde existe carril-bici, conducta que no admite discusión si volvemos a detener nuestra mirada en la normativa: las bicicletas no pueden circular por esta parcela destinada a las personas que se desplazan a pie. Se equivocará quien criminalice porque sí un medio de transporte ecológico, saludable y cuya consolidación nos aproxima a otras ciudades europeas donde su uso guarda una relación directa con la calidad de vida. Las bicicletas en sí mismas son vehículo de modernidad, pero nada de ello justifica el incumplimiento de las reglas, conducta evidentemente sancionable y que, como resulta fácil adivinar en el referido caso de las aceras, desemboca en un alto riesgo de accidente. Al margen de la obligación de conocer y respetar la ley, o hacer que la respeten aquellos que la infrinjan, resulta necesario aterrizar en el siempre valioso terreno de la concienciación social, donde la Policía Local hace tiempo que abre camino con sus campañas ciudadanas. Y es que, además de un problema de tráfico, estamos ante una cuestión de sentido común y aprecio hacia la convivencia, que será más sólida si cada cual respeta su parcela y la de los demás.