Las Provincias

¿Poder absoluto?

Cuando en democracia los perdedores no asumen su derrota, cuando del presidente electo se dice «no es mi presidente», es que efectivamente los perdedores no creen en la democracia. ¿Acaso insinúan que hay que aceptar a un presidente sólo cuando es su candidato el que gana? Mucho antes de que un personaje como Donald Trump se presentara como candidato y fuera elegido presidente del país más poderoso de la tierra, con derecho entre otras cosas a disponer del famoso botón rojo nuclear, esos mismos izquierdistas defendían el derecho de un golpista condenado para aspirar a la presidencia de Venezuela. Y sin irnos tan lejos, en Europa se propugna como candidatos a personajes como Marine Le Pen o Pablo Iglesias, cuyos respectivos conceptos sobre la democracia dejan mucho que desear. La pregunta es: ¿Debe un Estado democrático permitir que accedan al poder individuos cuya misión es acabar con la propia democracia? Y de ser así, ¿quién decide si alguien está o no capacitado para presentarse como candidato; o sea, quién reparte los carnets de demócratas?

Afortunadamente las democracias consolidadas están protegidas por la separación de poderes, y en el caso que nos ocupa para nada Trump tendrá el poder absoluto. La Cámara de Representantes y El Senado bastarán para frenar, modular y obligar a consensuar cualquier atisbo autoritario del presidente, y esto sólo a nivel político, sin contar el judicial, las innumerables agencias del Estado y el propio Ejército. Sólo es demócrata el que sabe perder.