Las Provincias

Menores y alcohol

Me resulta doloroso comprobar que ha tenido que ocurrir un terrible fallecimiento -la muerte de una niña de doce años por un coma etílico- para que el consumo de alcohol por parte de los menores salte a la palestra. Diferentes organizaciones llevaban tiempo advirtiendo de este grave problema: los menores comienzan a beber hacia los 13 años y se ha instalado entre ellos el hábito de la ingesta rápida para conseguir lo antes posible una borrachera. Cabe preguntarse en qué falla la sociedad, porque es un problema de todos, aunque sobre los padres recae la responsabilidad más cercana.

Resulta obvio que los menores desconocen los riesgos del consumo de alcohol, como también es innecesario recordar que beber se ha convertido en un fenómeno cultural en nuestro país y que forma parte de los deberes de los padres estar al tanto de lo que hacen sus hijos. Porque los progenitores tienen el derecho esencial a la educación de sus hijos, pero asimismo el deber también esencial de educarlos.

El director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, Ignacio Calderón, lo ha puesto de manifiesto con suma claridad: los padres están obligados a saber qué hacen sus hijos, ya que son lo más importante que tienen. Deben, en definitiva, permanecer muy atentos a su formación y comportamiento. Y el camino para ello no es la represión, sino algo tan sutil como el diálogo. También lo explica Ignacio Calderon. «El problema es que muchos padres no dan la importancia que tiene a la comunicación, algo que deben fomentar desde que los niños son bien pequeños. Hay que saber escucharles, hablarles y mantener diálogos fluidos para que se establezca un vínculo importante de confianza. La comunicación es un salvavidas». Ya sabemos, pues, el camino a seguir.