Las Provincias

JUSTA TRAICIÓN

Me lo dijo un mediodía que coincidimos con una naturalidad que me dio tal escalofrío que me dejó sin habla. «Voy a Coruña con vosotros en el avión. El año que viene ya no podré ir allí... Estoy muy mal». Recuerdo cada detalle de esa mesa que compartimos en un animado restaurante horas antes del disgusto de Riazor, de esa foto que nos hicimos y en la que sonreía dándome una lección de vida. Una más porque todo lo que recibí de él fueron lecciones: de valencianía, de humildad, de discreción... Nunca entendí que un futbolista pasara por su lado y prefiriera mirar el teléfono antes de cruzar una palabra o tener un simple gesto de agradecimiento por su presencia allí (ya fuera en el hotel o en cualquier estadio), a cientos de kilómetros de Valencia, olvidándose que cuando él se pusiera esa noche el pijama en casa a Jorge aún le quedaban siete horas de carretera para llegar. ¿De verdad el valencianismo ya no practica esa virtud? Con Jorge compartí algunas confidencias más allá del fútbol y siempre me costó entender ese celo con el que protegía su especial sentimiento hacia unos colores. Recuerdo una charla en Las Palmas, mientras sonaba uno de los ocho móviles que siempre le acompañaban, en la que resistió mi insistencia por hacerte un reportaje. «Creo que te lo mereces». Te pido perdón ahora por traicionarte.