Las Provincias

LA COMODIDAD DEL NOTABLE

En una de las primeras evaluaciones censales que se hicieron en la Comunitat, el 80% de nuestros escolares de Primaria se arracimaban en una calificación entre el ocho y el diez. La mayor parte alcanzaba la máxima puntuación, lo que supone un error de diseño de la prueba, pero transmitía las inconscientes opiniones de sus diseñadores: una desconfianza en nuestros escolares que les llevó a bajar el listón hasta niveles básicos.

Fue una anécdota, pero a veces el sistema educativo transmite esa sensación de esperar poco de nuestros alumnos o, más bien, no pasar de un postureo sobre el valor de nuestros chicos y chicas sin ponerlo en práctica. Parece que hasta que no lleguen los millones -sea de una nueva financiación o sea que nunca llegarán los suficientes- apenas debemos aspirar a la comodidad del notable. Tirando para lo alto.

No está de más recordar que la familia sí cree en sus hijos. Al menos, debería hacerlo. No se trata de creer en su sinceridad en los conflictos en el centro, pues ahí la primera recomendación hacia las familias es ponerse de inicio al lado de los docentes. Es creer en sus potencialidades. Creer, aunque tantas veces nos ciegue el amor, en que nuestros niños pueden conquistar el mundo.

El papel de las expectativas en el desempeño escolar es fundamental. En primer lugar las expectativas de las familias, que llegan a representar mayor influencia que incluso el nivel socioeconómico. Es el llamado efecto Pigmalion o la profecía autocumplida que resalta el valor de la educación propositiva.

En segundo lugar, la del propio alumno, como señaló la evaluación realizada por el Ministerio de Educación en 2010 por la cual las expectativas del estudiante influyen determinantemente en el desempeño académico. Lo resumía PISA con claridad: «La práctica y el trabajo duro ayudan a recorrer el largo camino hacia el desarrollo del potencial de cada estudiante; pero los estudiantes solo pueden lograr altos niveles de competencias cuando creen que tienen el control de su éxito y que son capaces de lograr ese nivel. El hecho de que una gran proporción de estudiantes en la mayoría de los países crean consistentemente que el logro académico es principalmente el producto de un trabajo duro, más que de una inteligencia innata, sugiere que la educación y su contexto social pueden marcar la diferencia al inculcarse los valores que promuevan el éxito en educación».

Aquí es donde entra la tercera perspectiva, la de los centros escolares y cómo las expectativas del profesorado pueden condicionar el rendimiento del alumnado. Lo vemos en el debate sobre los deberes, en los que los docentes tienden a exigir, por estas expectativas, más deberes en los centros con familias más favorecidas. O a la hora de calificar: «En todos los países los estudiantes que se encuentran en una condición socioeconómica más favorecida reciben mejores calificaciones que sus compañeros», señalaba también PISA.

Nos asusta hablar de excelencia porque se asocia a una postura contraria a la equidad, cuando no hay nada más injusto que pensar que todos nuestros estudiantes no pueden alcanzar el máximo de sus potencialidades. Que las distancias socioeconómicas justifican estos reparos. Da rabia, social y política, observar estas justificaciones que apartan los valores de la excelencia a quienes más impulso necesitan.

La excelencia también comienza por la ortografía, por la puntualidad, por los deberes bien hechos y por una actitud por aprender que supera el simple cumplir con los mínimos. Y ejercitar estos hábitos escolares, y otros, dan las herramientas a los niños para superar sus condicionantes de origen.

No queremos saber nada de los modelos educativos asiáticos, pues criticamos la exigencia extrema a la que someten a sus estudiantes. Nos referenciamos en Finlandia, aunque solemos olvidar que también en ese país una de las máximas es que en la escuela se pretende mantener una expectativa alta para todo su alumnado.

En las calificaciones, hay una nota maldita que es el notable. Como me decían de pequeño -frases cortas, moralejas sencillas- es la que se obtiene con mucho esfuerzo cuando no se tiene tanta capacidad, o cuando no falta la capacidad pero sí el esfuerzo. Ahora, con tanto suspenso, el notable ya suena hasta loable.

Los alumnos tienen derecho a que la escuela les exija lo máximo de ellos. Posiblemente, que les suspendan menos y les fortalezcan más.