Las Provincias

Narciso indomable

A veces me pregunto si el problema que tenemos con algunos niños y jóvenes respecto a la autoridad no es más que el reflejo de lo que sucede con los mayores. No me refiero a que la falta de aceptación de una autoridad -ya sea del maestro o del propio padre- se deba a una excesiva laxitud de quienes le educan sino que va más allá. Nos escandaliza que un niño conteste de mala manera a su madre, que insulte a un profesor o que se burle de un anciano que le reprende por su mal comportamiento en la calle. Vemos, a menudo, ejemplos de niños tiranos sobre los que nos advierten jueces de menores como Emilio Calatayud, famoso por sus sentencias ejemplarizantes, o niños ingobernables con los que no puede ni supernanny ni superbrother ni los malos de Superman. Son niños que entregamos, sin saberlo, al sistema judicial para que ponga remedio a lo que debía haberse arreglado mucho antes en casa y en las aulas. Es lo que sucede con los que han dado una paliza a un niño de siete años, con los que someten a bullying a sus compañeros o con los que aterrorizan a todo un claustro de profesores, impotente ante dictadores jaleados por papá y mamá. Nos da la sensación de que han salido de la nada, como si la falta de correctivos a tiempo no tuviera que ver con su comportamiento presente o la desautorización constante en casa del maestro no influyera en la escasa consideración que el niño tenga a una fuente de autoridad externa.

El problema es que le sumergimos en una corriente a la que también nosotros estamos sometidos. Lo decía Lipovetsky cuando hablaba de la «segunda revolución individualista». Según el filósofo francés, la radicalización de la búsqueda de autonomía personal nos lleva a huir de una sociedad disciplinaria. Es un narcisismo que pasa por encima de todo tanto en lo personal como en lo grupal. Ese narcisismo está presente, por ejemplo, en quienes se presentan como víctimas de la 'judicialización' cuando la ley es un obstáculo para sus planes. No es judicializar perseguir a quien incumple la ley o en cualquier caso la duda es entre el huevo y la gallina. ¿Judicializa quien persigue a quien incumple la ley o quien la incumple en lugar de cambiarla? Los que movilizaron ayer a 80.000 personas porque la ley les impide seguir adelante con su hoja de ruta soberanista son un caso evidente. Es un narcisismo colectivo que niega la autoridad de los tribunales. Como un antisistema que se enfrenta a la policía y se dedica a insultarle porque no le deja quemar un contenedor. En ambos casos hay un problema de autoridad. El Tribunal Constitucional es autoridad y un antidisturbios, también, sin embargo, hay narcisos que creen que su persona no tiene por qué someterse a ellos. Lo de los niños no es un problema de educación sino de percepción social de la autoridad. Solo aceptamos la que emana de nosotros mismos. Narciso es la fuente de autoridad. Es la quiebra del contrato social.