Las Provincias

HAN MATADO EL CONSUMO

Mientras aún se liquidan a precios de saldo restos de mandarinas de primera estación, agricultores y comerciantes comentan y se sorprenden porque «no va» el consumo de esta fruta, preguntándose «qué está ocurriendo» y por qué no se lanza ya la demanda con velocidad de crucero, cuando está entrando en campaña la Clemenules. Pero cuesta asumir que entre unos y otros, y todos juntos, han 'matado' el consumo. Se ha dicho hasta la saciedad desde hace décadas: enviar a los mercados y supermercados lo que no está en condiciones puede servir momentáneamente para que alguien se salve y generar falsas apariencias, pero a continuación se cortará la cadena. Quien compró mandarinas secas, repitió para comprobar si fue un error aislado y ratificó que seguía la fuga silenciosa, se sigue acordando de la familia de unos cuantos y no querrá comprobar a continuación si el problema es momentáneo o duradero. Sencillamente cortó, dejó de comprar y comer, se pasó a otra fruta, a otros postres, y luego deberán transcurrir semanas, quizá meses, para que se le diluya el enfado, pierda la memoria de lo horrible que estaba aquello, vea que otros comen mandarinas y comentan que están muy buenas y se arriesgue de nuevo a comprobarlo.

Aquí se ha extendido desde hace tiempo un mal peor que el de las plagas y los problemas comerciales y de países terceros; consiste en dar por sentado que la calidad sólo es sinónimo del tamaño; los frutos han de ser necesariamente gruesos y, eso sí, con la piel extremadamente limpia. Lo de dentro da igual. ¿Cómo que da igual?, ¿que la fruta no es para comérsela? Pues nada, a lo de comer no le dan importancia, y es evidente que la tiene. Miren si no. Pero todos se preocupan de exigir calibre y calibre... Y los productores, para poder vender, han de forzar la máquina, con el handicap de la sequía. Mucha fruta de ciclo corto se hincha con 'engorde'..., pero se corre el riesgo de que se quede hueca, seca, y si no tiene zumo para qué se la va a comer nadie. Engañados, dejan de comprar.

Para más inri no hay labor pedagógica de ninguna clase; no se enseña a consumidores e intermediarios lo que se tiene entre manos, no hay iniciativas que, en defensa de los intereses colectivos, se ocupen sistemáticamente de formar e instruir sobre variedades, épocas, lo que está en su momento óptimo... Si así fuera, ahora mismo se estaría entonando un mea culpa y anunciando a los consumidores de toda Europa, por ejemplo, que lo sucedido ha tenido mucho que ver con la meteorología de este verano, con la extrema sequía que se padece por aquí, y que ahora, en cambio, la Clemenules y la Clemenvilla, que ya están en los mercados, están riquísimas, sin los problemas anteriores, invitándoles a comprar y deleitarse. Pero no, más cómodo seguir preguntándose todos «qué pasa» y quedar a la espera.