Las Provincias

Iglesias, peor que Trump

Solo su tradicional sectarismo justifica que la izquierda española esté dedicada a crucificar a Donald Trump mientras pasa de puntillas por el hecho de que Ramón Espinar haya ganado las primarias de Podemos en la Comunidad de Madrid. El portavoz de la formación de Pablo Iglesias en el Senado ha conseguido más votos de los que se esperaba después de que se haya conocido con todo lujo de detalles que especuló con una vivienda de protección oficial. Los suyos le han creído cuando denunció que había sido víctima de de una conspiración de poderes ocultos. Habría podido comprar y luego vender, forrándose, media docena de pisos y no le habría pasado nada malo. Trump, que pronosticó que ganaría las elecciones aunque se pusiera a disparar a los transeúntes de la Quinta Avenida, se le parece en eso.

El nuevo presidente norteamericano también se asemeja a Pablo Iglesias en su machismo de lo más arcaico, por lo que es criticado, con toda razón, por la izquierda (y la derecha) de este país, aunque a la izquierda se le nota muchísimo la amnesia que practica cuando el machismo lleva el sello de un dirigente de Podemos. Lo que Iglesias dijo que le gustaría hacer con Mariló Montero es peor de lo que Trump ha comentado que le atrae de las mujeres. Pero, claro, lo de Iglesias es un desliz y lo del norteamericano una amenaza para la Humanidad.

Asegura Esperanza Aguirre que si un hijo suyo hubiera pegado un pelotazo con una vivienda de protección oficial, ella se habría tenido que ir a vivir a Australia. Lleva toda la razón. ¡Pues anda que si a Soraya Sáenz de Santamaría le hubieran pillado pagando en negro a su asistenta o a Cristóbal Montoro cobrando de una universidad sin asistir a clase! Con el agravante de que los de Podemos han llegado donde están a base de denunciar los privilegios de la casta a los que se han apuntado rápidamente en cuanto han aterrizado en su interior.

Trump e Iglesias comparten su pertenencia al club de los políticos populistas tan de moda en la actualidad a ambos lados del Atlántico, por mucho que el populismo abarque a personajes de todos los espectros ideológicos que con frecuencia solo tienen el común su etiqueta de 'outsiders', líderes que funcionan al margen de los partidos políticos tradicionales. Por lo general son de derechas, desde el propio presidente norteamericano a la francesa Le Pen, que puede convertirse en presidenta de su país el año que viene, pasando por el italiano Berlusconi. En España tenemos ejemplos no muy recientes, aquellos José María Ruiz Mateos y Jesús Gil, charlatanes que se metieron en política para forrarse. A más alto nivel que Espinar, pero con el mismo propósito. Y ahí radica la diferencia entre Donald Trump y Pablo Iglesias: el primero es un multimillonario hecho a sí mismo que quiere poner en práctica su manera de llevar a cabo los negocios para dirigir su país. Sin ganar un dólar.