Las Provincias

¿QUÉ FUE DEL CORRILLO?

Al principio de la actual legislatura, y hasta este verano, era habitual que Ximo Puig, presidente de la Generalitat, se dejase caer por los corrillos formados por los periodistas tras la sesión de control al Molt Honorable en Les Corts. Confraternización curiosa por lo poco habitual en años anteriores, cuando los jefes del Consell del PP no es que no alternasen con la canallesca, es que huían por puertas casi secretas de la Cámara que daban acceso a pasillos... en fin, una tocata y fuga, pero más que de Bach, de Johann Sebastian Mastropiero, personaje satírico de Les Luthiers. Sin embargo, algo pasó, algunas cosas han ido pasando, y Puig ya no es tan asiduo de los corrillos. «Se abstiene de hablar con nosotros», comenta malicioso un periodista nada sospechoso de pertenecer a la derechona, utilizando un verbo, el de la abstención, doloso para el dirigente socialista valenciano. Porque Puig, precisamente a causa de apostar por abstenerse en la investidura de Rajoy, tiene de uñas al PSPV de la provincia de Valencia, varias comarcas del resto de la Comunitat y de ciudades como Castellón. Será por eso que ya no es tan habitual verle charlando en los pasillos del Consell con periodistas, y cuantos más mejor. Hubo un tiempo en que se hablaba del viaje a Nueva York, y al corrillo se sumaban los consellers, hasta los de Compromís, porque, bueno, eran los inicios del Ejecutivo y la culpa siempre la tenían los otros, los anteriores.

Sin embargo, ahora, el presidente tiene temas candentes, delicados, como la situación de Carmen Montón, titular de Sanidad, sentada a la derecha de Pedro Sánchez en aquel fatídico Comité Federal, y con la que ha sufrido una «trencament emocional». Incógnitas que despejar como la del conseller Climent, cuya prioridad inicial allá por el 1 de julio de 2015 era poner orden en los horarios comerciales y ahora mismo se trata de una cuestión sumergida en un limbo de inseguridad jurídica más acorde a una república bananera que a las reglas del juego que deberían regir en la Comunitat. Y luego está la relación con los Podemos valencianos, tensa, que irrita a los diputados socialistas de manera evidente cada vez que un podemista les recuerda la generosidad del PSOE para con Rajoy. Son temas, todos estos, que invitan más al silencio que al desparpajo, de ahí que los corrillos escaseen y el presidente se marque una sonrisa tan cercana a las de Camps cuando hace lo que hacía éste: pasar de largo ante cámaras y reporteros plantificados durante más de una hora en el patio del Palau de la Generalitat a la espera de una declaración que no se produce. Eso ocurrió un 25 de octubre, cuando nombró a sus tres miembros del CJC a toda velocidad, la misma con la que ahora se va de Les Corts, absteniéndose de participar en los corrillos antaño tan entretenidos.