Las Provincias

AROMAS URBANOS

Siempre que escribo de este tema se me arruga la nariz porque me acuerdo de la calle Salinas. Es un lugar del barrio del Carmen que resume a la perfección el problema de la falta de limpieza en Valencia. Podría irme a Orriols, Cabanyal, Monteolivete o cualquier lugar de la maltratada periferia, pero ese trozo del centro histórico es el compendio de pintadas, orines, solares, edificios ruinosos y, para que no falte de nada, trozos de canalones robados para venderlos en chatarrerías ilegalmente.

Y escribo de limpieza (falta de) por ser esta noche pasada la primera recogida de basura orgánica en Valencia, un experimento que cuenta con 250 contenedores en San Marcelino y Benimaclet. Y también por el incremento en el Presupuesto municipal de 2017, con seis millones de euros más.

De lo primero sólo quiero desear lo mejor. La Unión Europea manda que en 2020 todas las ciudades tengan lo que se llama el quinto contenedor, pero aunque no fuera por mandato la prueba es más que adecuada. La separación de los residuos en las plantas de tratamiento no funciona del todo, más bien lo contrario a tenor de las fotografías que llegan de vez en cuando del vertedero de Dos Aguas, y esa tarea debe iniciarse en los mismos domicilios.

Eso sí, el Ayuntamiento debe tener en cuenta que en la calle no cabe todo. Los contenedores soterrados deben dejar de ser una excepción para generalizarse por todos los barrios, una inversión que el próximo año no encuentra su reflejo en los Presupuestos. Un vistazo a las inversiones desvela que se destinan 235.125 euros, con lo que se debe comprar hasta la última papelera que se ponga.

Poco para empezar la revolución de la recogida orgánica, donde la Universitat Politècnica ya está haciendo cuentas para ver si además puede ser rentable el compost agrícola que salga de la planta de los Hornillos. Pero si veo un problema peor que la falta de espacio en las calles es lo que ocurra en la vivienda de cada uno.

Lo normal estos tiempos es tener un cubo para el plástico, otro para la materia orgánica, quizás una bolsa colgada en la galería para el papel y el cartón, además de una especie de garrafa donde se almacenen los tapones que recogen algunas oenegés. Ese es mi caso, donde descarto el cristal por lo escaso que generamos a diario. Y admito que no cabe todo.

Si queremos que la separación de materia orgánica sea un éxito hace falta más espacio para lo demás y eso es algo que deben tener en cuenta tanto los arquitectos como el gobierno municipal, estos últimos a la hora de redactar las ordenanzas.

En los últimos años se ha hablado del cuarto de basuras en cada edificio e incluso de conductos directos desde los pisos a los contenedores, como se probó en una promoción de viviendas de Torrent. La revolución en el reciclaje tiene su derivada en los hogares.

Y del aumento en el Presupuesto municipal, supone la vuelta a lo que había antes de los recortes por la crisis. Los 66,6 millones que costará la factura de recoger la basura y barrer las calles de Valencia en 2017 se quedan lejos de las pretensiones de Pilar Soriano, concejal de Medio Ambiente, cuando dijo en el pleno que había pedido 86 millones (para dejar la ciudad niquelada, añado).

Pero eso es lo que hay, un esfuerzo importante que hay que reconocer, con el matiz apuntado por el PP de que esa subida puede hacerse gracias a las decisiones económicas de los anteriores mandatos. Habrá que ver si es suficiente, pero lo dudo.

El botellón ha venido para quedarse, pese a las buenas intenciones de la concejal de Protección Ciudadana, Anaïs Menguzzato. Y eso genera una cantidad de problemas (y de gasto) en los barrios que hace difícil su mejoría.

En el centro pasa lo mismo, aunque ya se han acostumbrado desde hace décadas, cuando el Carmen empezó a ser un lugar para tomar copas y dejar un recuerdo en la acera en forma de vómito. Ahora, la plaza Redonda es no de los lugares castigados, con lo que algunos comerciantes se han encontrado hasta con gente durmiendo en el suelo, separados del frío pavimento apenas por un cartón o una manta. Hasta han tenido que llamar a la Policía Local para poder levantar la persiana. O sea, que el aumento del Presupuesto no tapará la falta de civismo que padece Valencia.