Las Provincias

ACOGER Y ESCUCHAR

Muchas veces no nos damos cuenta de que para dar respuesta a las necesidades de los más pobres, no solamente basta con dar, sino que además hay que escuchar y acoger. El aislamiento y la indiferencia son uno de los sentimientos más dolorosos para una persona.

Somos por naturaleza seres relacionales, seres sociales, y nuestra naturaleza humana se rebela contra la soledad y la indiferencia. En la sociedad en que vivimos son muchos los que se sienten olvidados, apartados, abandonados.

Ante esta realidad, la comunidad cristiana siempre ha estado llamada a crear espacios humanizadores e integradores. Además de dar respuesta inmediata y contundente a las necesidades materiales de los más débiles, tenemos que asumir que es responsabilidad de nuestra sociedad la tarea de devolver a la persona la vivencia de que para alguien todavía cuenta, de que lo que le ocurra en su vida importa a otros, de que no está sólo en su dolor, de que hay alguien que va a estar ahí para acompañarle y ayudarle a superar los obstáculos y dificultades de su vida.

Es por ello, que debemos entender la acogida y la escucha como momentos privilegiados de encuentro entre personas, para compartir, para poner en común una necesidad y buscar juntos alternativas de resolución. Es sin duda el primer paso de un largo camino a recorrer que tiene su punto de partida en una necesidad humana y su punto de llegada en la satisfacción de esa necesidad.

Es por ello, con nuestro ejemplo y actitud debemos dar seguridad a todas aquellas personas que sufren. Tenemos que ser capaces de disminuir el sufrimiento, de fortalecer aquellos aspectos positivos, de cambiar de actitud frente al problema, así como de reforzar la autoestima del atendido y sobre todo, desarrollar la capacidad de de situarnos en un plano de absoluta igualdad.