Las Provincias

Shock

El miércoles, cuando el presidente Puig recibió a la Fundación Vicente Ferrer, me temí los efectos de un arrebato: este hombre, pensé, se nos va a la India, lo deja todo y marcha de cooperante, como muy cerca al Andhra Pradesh. Si al conocer la victoria de Donald Trump, había confesado estar «en estado de shock», cabía temer cualquier cosa en su cuadro de emociones.

«A las 4.45 de la mañana tenía miedo de ver lo que decía el móvil porque tenía un mal pálpito, y finalmente se ha constatado», declaró Puig a la prensa, con preocupada solemnidad, tras asistir a la presentación de una nueva ley, la de Memoria Democrática y para la Convivencia en la Comunidad Valenciana, que muy probablemente también va a dejar «en estado de shock» a algunos cientos, miles de ciudadanos. Tan afectado estaba nuestro presidente que, acto seguido, cayó en el mismo error en que, en los años sesenta, incurrió un colega periodista en el diario 'Arriba', cuando escribió, con mucha solemnidad: «Advierto por tercera y última vez a la Unión Soviética que así no pueden seguir las cosas». Nuestro líder, sin darse cuenta, tuvo a bien pedir a Donald Trump -que ha obtenido 60 millones de votos- que «recapacite y no haga nada de lo que ha dicho que va a hacer», temiendo, sin duda, que los albañiles ya estén acarreando ladrillos para el muro con México, a orillas del Río Grande.

Vamos a ver, en efecto, muchas y muy grandes cosas tras las elecciones americanas del martes. Las estamos viendo ya, en toda Europa, en algunos comportamientos infantiles, asombrosamente superficiales, por parte de personas con alta responsabilidad que, aún en el caso de que la elección de Donald Trump fuera un verdadero peligro, lo que deberían hacer es tranquilizarnos, darnos seguridad a manos llenas, en vez de contagiar inseguridad y transmitir nuevos temores. Si la elección de Trump deja a nuestro presidente en «estado de shock», ¿qué le ocurrirá si un día vuelve a desbordarse el Turia o tenemos terremotos como en Italia? ¿Y qué seguridad tendremos cuando empiecen a llegar a nuestras tierras los perniciosos efectos que la Generalitat teme de los cuatro años de mandato del presidente Trump?

Una vez más se ha podido ver que se administran con muy poca prudencia las declaraciones, que se habla cuando lo más adecuado es no hablar. Una vez más se ha demostrado que el populismo de Trump contagia reacciones populistas. Porque la moda imperante, el estilo de política que se lleva en el mundo es ese, el 'reality show político', el hablar por hablar y estar todo el día emitiendo banalidades que no se piensan.

A lo peor, la gracieta del «estado de shock» se lamenta dentro de un año, cuando el sector del calzado pida ayuda a la Generalitat para superar las barreras arancelarias americanas; o cuando se necesite volver a establecer aquel vuelo Nueva York-Valencia que tantos beneficios turísticos reportó en los buenos viejos tiempos. A lo peor...