Las Provincias

EL MANÁ DE CHESTE

En la liturgia de los pueblos del interior sólo hay dos estaciones en el año: invierno y verano. En el mío, Chiva, a escasos kilómetros de Cheste, cuando la Virgen del Castillo sube a la ermita se puede decir que ha llegado el frío aunque haga calor. La gente deja de salir a la calle más allá de las horas que obliga la rutina, las cenas en las terrazas de los bares pasan al interior y las chácharas con los convecinos los días de buen tiempo se resumen en un hola y adiós. Cuando la Patrona vuelve allá por Semana Santa irrumpe el verano aunque el calendario se empeñe en decir que es primavera. Los pueblos del interior son así. De contrastes. La Hoya de Buñol-Chiva, tierra agrícola donde la algarroba, la almendra y la uva han pintado el paisaje, se agarró a la bonanza de los polígonos industrales como argumento para no emigrar a la gran ciudad a buscar sustento. Desde la sierra se ve el mar. Valencia, tan cerca y a la vez tan lejos. La ampliación de la A-3 ha facilitado las cosas en una zona donde los trenes de Renfe todavía son borregueros y donde hay un servicio de autobús que cubre las necesidades más básicas. Los polígonos florecieron durante los días de la burbuja y la crisis convirtió a muchas empresas en fantasma y engordó las listas del paro. El Mundial de motos siempre ha sido un oasis en ese desierto. Cheste y los pueblos de alrededor llenan sus arcas para abrigar el invierno gracias a las decenas de miles de aficionados que un fin de semana se acercan para convertir la zona en una ciudad casi sin ley. Pero hasta en ocasiones la falta de normas son bienvenidas en unas poblaciones en las que sus sevicios de restauración cuelgan el cartel de completo, donde los puestos de trabajo temporales permiten transitar con más comodidad y donde una boyante economía sumergida facilita unos cuartos para pagar la luz y el agua al menos hasta Navidad. Hoy podía haber sido la última carrera del Mundial en Cheste si algunos de los prejuicios de este Consell hacia los grandes eventos prevalecieran por encima del impacto económico, que se ha demostrado equilibrado entre gastos e ingresos. La renovación del contrato entre Dorna y el Gobierno valenciano fue la mejor noticia para un evento que sí que pone a la Comunitat en el mapa. La pugna entre Rossi-Márquez-Lorenzo la temporada pasada convirtió a Valencia en el epicentro internacional del deporte. Hoy, sin ningún título en juego, la grada vuelve a estar abarrotada de aficionados que, con sus euros, mueven la economía valenciana. El invierno ya se ha instalado en las comarcas del interior, en esos pueblos donde el turismo de sol y playa es una postal. Afortunadamente, eventos como los de hoy permiten abrir esa pequeña ventana a un veranillo que seguro que hace más soportable la humedad del rocío hasta 2021. Larga vida a Cheste.