Las Provincias

Líneas rojas

El debate sobre los retos a los que debe enfrentarse la sanidad pública en los próximos años no es algo que ocurre solo en nuestra Comunidad. Es un debate global porque los retos son globales, y yo personalmente he tenido la extraordinaria oportunidad de poder participar en muchos de estos debates, pues hemos sido invitados por muchos gobiernos, universidades e instituciones multilaterales para aportar nuestra visión, experiencia y estrategias. Otros tantos han visitado los hospitales de Ribera Salud para conocer su funcionamiento in situ.

Desconozco cuántas personas de la Comunidad Valenciana han sido invitadas durante este último año al nº 10 de Downing Street, a la Casa Rosada o al Banco Mundial en Washington, o han recibido en sus despachos a Ministros del Gobierno de Arabia Saudí o Reino Unido y comitivas de Gobiernos como el de Noruega o Dinamarca, entre otros. Pero para mí, que he tenido la ocasión de participar en estos encuentros con especial intensidad en los últimos años, siempre ha sido un orgullo representar a una Comunidad Valenciana pionera en modelos de gestión, en innovación y emprendimiento, y que sirve de referencia sanitaria a nivel global gracias al Modelo que Ribera Salud creó y desarrolló.

Siempre he defendido que hay que despolitizar el debate sobre los retos de la sanidad porque, igual que ocurre con las pensiones, la presión del envejecimiento de la población sobre nuestro sector, la evolución de la tecnología, la aparición de nuevas enfermedades y medicamentos, etc., poco tienen que ver con la ideología, y menos aún con el sectarismo. El verdadero protagonista debería ser un debate profesional, científico y basado en resultados, como ya se produjo a principios de los años 90 con el 'Informe Abril', que fue apoyado unánimemente por todos los partidos políticos representados en el Congreso de los Diputados, y que es el origen del modelo de colaboración público-privada creado y desarrollado por Ribera Salud.

Lamentablemente el pasado 10 de noviembre en Les Corts Valencianes se vivió una sesión parlamentaria que recoge, desde mi punto de vista, lo peor del debate político, donde se acusó y se amenazó con afirmaciones como: «es un modelo nefasto que no ha sido implantado en ninguna otra comunidad autónoma», «no ha funcionado, no es rentable, ni social ni económicamente», «se pone en riesgo el sistema de sanidad público y de calidad», «hubo connivencia entre los anteriores gobiernos autonómicos y las empresas que gestionaban los hospitales», vertiendo falsedades sin datos ni evidencias que lo avalaran, e incluso burlas sobre el trabajo de muchos años de miles de profesionales y empresas valencianas, nacionales e internacionales, de gran prestigio, que han generado empleo, bienestar, calidad de vida, y han estado y están profundamente comprometidas con los ciudadanos e instituciones y, en definitiva, con el futuro de nuestra Comunidad.

No me resisto a callar. Quiero ser muy rotundo y posicionarme al lado del magnífico trabajo que realizan nuestros profesionales todos los días y siempre en beneficio de nuestros ciudadanos. Creo que en una sociedad abierta y democrática no se pueden traspasar líneas rojas en el lícito debate político bajo la protección de la inmunidad parlamentaria, que empañen la imagen de nuestra Comunidad y trasladen hacia el exterior que en esta gran tierra se aplica la ley del 'todo vale', del desprestigio del trabajo de su buena gente, y que la inseguridad jurídica y la falta de diálogo y rigor sean una seña de identidad.

Si siempre he reclamado en la sanidad un debate profesional, sereno, buscando consensos, con datos sobre la mesa para el bien de los ciudadanos, a partir de ahora añadiré «con respeto, con educación, sin persecuciones ni sectarismos», visto lo visto el pasado 10 de noviembre en Les Corts.