Las Provincias

¿Tan difícil es?

Tan difícil es decir «me he equivocado»? ¿Tan difícil es recordar que vivimos la vida entre una amplia gama de colores?

¿Tan difícil es crear nuevos mensajes que no se basen en decir qué mal lo hacen otros?

¿Tan difícil es confiar en el sentido común de la gente que no vive de la política?

¿Tan difícil es entender que ninguna familia recorta su presupuesto por placer?

¿Tan difícil es reconocer que en cualquier entorno puede haber corruptos?

La gente del pueblo -a la que ciertos partidos creen abanderar- hacemos cosas tan difíciles como las que siguen, todos los días:

Cuando una estrategia nos falla, la rectificamos y si es necesario, pedimos disculpas por no haberlo hecho antes.

Cuando nuestros hijos nos preguntan «¿tú qué harías?», intentamos que nos cuenten todas las posibles variables y ofrecemos diferentes alternativas. Todo ello aderezado con un «la vida no es siempre un blanco o negro, sino que a veces depende de las circunstancias».

Cuando en nuestro trabajo vemos que el jefe no está acertado, insinuamos otra manera de hacer las cosas y si se trata de un compañero, intentamos que cambie su actitud hacia nosotros ya que hemos de verlo todos los días.

Cuando votamos, esperamos que se respete nuestro voto. A veces no votamos por convencimiento ideológico, sino por lo que consideramos más adecuado a las circunstancias o por evitar opciones engañosas o vacías de contenidos reales.

Cuando bajan nuestros ingresos, bajamos el gasto familiar haciendo una lista de prioridades. No conozco a nadie que se gaste más cuando no tiene y menos cuando le va bien.

Cuando alguien de nuestro entorno profesional no hace las cosas bien, tratamos de mejorar nuestro trabajo para que su mala fama no nos salpique mientras esperamos que actúe el estamento superior.

¿Tan difícil es que nuestros políticos trabajen en equipo, haciendo simplemente lo que hacemos todos?