Las Provincias

LIBROS CON SABOR

El tren se pone en marcha. Consigo llegar a mi asiento y me dejo caer en él con un resoplido. A mi lado, una mujer de edad, corte de pelo y vestimenta provectas, no para de hablar por el móvil mientras me golpea con el codo.

Nunca se sabe dónde puede encontrarse una buena idea para una novela, por lo que pego la oreja con intención de escuchar la charla. Tampoco tengo que esforzarme mucho. La señora considera que la distancia que le separa de su interlocutor al otro lado del teléfono es muy grande y grita para hacerse oír.

-Como te digo. No he dejado de firmar en dos horas. ¿Qué digo dos horas? Cinco o más. Me duele la mano hasta el codo.

Cuelga con vis satisfecha y se vuelve hacia mí.

-Es que soy escritora.

-Anda. Qué bien.

-Verás, -prosigue con gesto desabrido- soy exconcursante del 'Masterchef'.

Como si su explicación, no solicitada, fuera suficiente.

-¿A ti te gusta escribir? -Me pregunta de repente.

-Un poco -Respondo, sin darme cuenta de mi error.

Durante las siguientes tres horas me ilumina con toda clase de consejos.

Mientras escucho sus palabras de fondo, rumio cómo el arte y espectáculo de los fogones se ha consolidado estos años. No hay televisión que se precie sin su programa de cocina. Los 'reality' u otros fenómenos mediáticos similares hacen su agosto. Personajes como Gordon Ramsey (con su versión ibérica, el insufrible Chicote) o el guapetón Jaime Oliver son bien conocidos. Justo al lado opuesto, se sitúan grandes profesionales como Arzak, los Roca, Adrià o nuestro Quique Dacosta que prestigian nuestra gastronomía y, sobre todo nuestra capacidad creativa e innovación.

Dos mundos totalmente diferentes, pero revueltos. Como nos gusta hacer en este bendito país, mezclamos sin orden ni concierto lo verdaderamente valioso con lo más casposo, soez y cutre. Acaba uno por no saber a qué atenerse.

Un efecto positivo de todo esto es que ahora no hay librería que se precie que no disponga de una sección de libros de cocina. Y en todo este 'totum revolutum', lo que más me interesa a mí son los libros que muestran la cocina de otros países.

Pocos placeres hay comparables al viaje, y la comida siempre ha sido la mejor forma de conocer un país. Gracias a ella entendemos mejor su identidad y esencia cultural. Gracias a ella se rompen las barreras del idioma. ¿En cuántas ocasiones, compartir mesa, no ha generado de modo espontáneo la conversación con la gente local? Lo más curioso es que, al final, resulta uno de nuestros mejores recuerdos del viaje.

Es por ello que, nada más volver a casa, una costumbre muy aconsejable es hacerse con un libro de recetas del lugar donde hemos estado. De ese modo, podremos preparar nosotros mismos platos de Vietnam, Ecuador, Madagascar o donde quiera que hayamos ido, y rememorar aquellas magníficas sensaciones.

Existen una gran cantidad de libros aconsejables pero, yo tengo mis tres preferidos.

De entre toda la comida, aquella que se consume en la calle es la más auténtica. En ese sentido, 'La mejor comida callejera del mundo' de Tom Parker Bowles y otros 30 viajeros-escritores de Lonely Planet es fantástico. El señor Parker Bowles es crítico gastronómico y, curiosamente, el hijo mayor de la esposa del Príncipe Heredero de Inglaterra. Esta obra, una mezcla de libro de viajes y cocina, es muy práctica también para elegir nuestro siguiente destino. Samosas de la India, brik tunecino, ceviches de Perú, farafel, gyros, elotes. y así hasta cien recetas con instrucciones muy sencillas. Además incluye algo muy útil: un glosario de ingredientes exóticos con alternativas fáciles de encontrar.

Mi segunda opción es uno de los mejores productos de la interesante colaboración entre la fotógrafa Isabelle Rozenbaum y la escritora Cécile Maslakian: 'Cocina de mujeres. 100 recetas del mundo'. Veinte mujeres de tantos otros países nos enseñan en este libro las recetas tradicionales de su país. Un viaje, sin salir de la cocina, desde Sri Lanka a Suecia, desde la cuenca del Niger a Nueva Zelanda o de las Antillas a Japón.

Y un modo de confirmar que la gastronomía turca se extiende más allá de los kebabs es leyendo mi tercer favorito: 'Estambul. Las recetas de culto'. Uno de los atractivos de este libro son las fotografías de Akiko Ida y las preciosas ilustraciones de la historietista libanesa Zeina Abirached. Sus páginas nos ofrecen tanto recetas caseras como platos típicos de esta ciudad increíble. La facilidad con la que se pueden encontrar los ingredientes nos revela que nos unen muchas más cosas que las aguas del Mediterráneo. Al final del libro encontramos mapas y rutas que permiten descubrir lugares estupendos para comer cuando vayamos a visitarla.

El chirrido de los frenos sobre las vías interrumpe mis pensamientos. Por fin llegamos a Valencia. Mi bienintencionada acompañante, muy satisfecha de ilustrarme, se despide con muchos besos. Le espera un chófer de la productora de televisión. Mientras me marcho a buscar el bus, sopeso seriamente si debería apuntarme al próximo 'Masterchef'.

Como dijo Bernard Shaw: «No hay amor más sincero que el que sentimos hacia la comida».