Las Provincias

LA JAULA DEL OGRO

Nada cuadra en el Despacho Oval, pero el negro le ha dicho al rubio que deben trabajar juntos. Están cerca, pero son distantes. Habían quedado para hablar del traspaso de poderes durante diez minutos, pero conversaron durante hora y media. El demócrata saliente y el republicano entrante convinieron en que la transición sería fluida, y lo más suave posible, ya que se trata de que el sistema funcione a la perfección, aunque los dos crean que es abominable el que propone el otro. Es la ventaja del patriotismo, que es una virtud móvil. Lo ha reconocido Pablo Iglesias, que ha dicho que los populistas son 'outsiders' y pueden ser de derechas, de izquierdas, ultraliberales o proteccionistas. El problema común es poner en marcha la transición sin dejar más cadáveres que los estrictamente necesarios. Los que no nos fiamos un pelo amarillo de Donald Trump tememos que tenga guardadas algunas sorpresas, pero de momento ha planeado un tsunami administrativo y prepara un gobierno de grandes empresarios donde figuran muchos multimillonarios y bastantes afines, todos unidos por su falta de experiencia política y por su lealtad al triunfante magnate.

Eso de no fiarse más que de los ricos y enfrentarse al llamado 'establishment' tiene sus inconvenientes. Los de la casta son menos, pero gastan muy mala leche. Lo curioso es que Trump haya ganado en unas elecciones donde el 43% de los electores no acudió a las urnas. ¿Por qué representa al hombre de la calle un hombre que la ha pisado muy poco? Son misterios de eso que los sociólogos denominan «psicología de la masa», que no es la suma de las psicologías individuales. Al frente de casi todo van a estar en Norteamérica grandes empresarios y banqueros no menos grandes. El hombre más poderoso del mundo no confía en Washington y la gente lo ha elegido porque a los pobres no les conviene que haya más pobres. Sobre todo si vienen de lejos y se traen sus hábitos, sus religiones y sus imposiciones.