Las Provincias

SIN ENTREVISTAS

Durante unas horas cundió el pánico, la zozobra, la incertidumbre ante un futuro que se presentaba tenebroso, mortecino, carente de interés y significado, un erial, un páramo, un paisaje agobiante y opresivo, similar al que describe Cormac McCarthy en su famosa novela 'La carretera'. ¿Que si hablo de las primeras reacciones al conocerse la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton? No, para nada, aunque es verdad que ese día más de uno tuvo la tentación de comprar víveres -latas de conserva, sobre todo, que es lo que más tarda en caducar- y almacenarlos en el refugio subterráneo junto con sacos de dormir, mantas, linternas, cantimploras, el botiquín y otros utensilios de supervivencia, todo ello en caso de disponer de refugio antiatómico, claro está. Pero no, la angustia no se instaló porque un populista no de medio pelo sino de pelazo entero se vaya a instalar dentro de dos meses en la Casa Blanca al menos durante los próximos cuatro años sino por la decisión del FC Barcelona, rectificada poco después, de que los futbolistas de la primera plantilla no concedan entrevistas salvo a los medios del propio club. ¡Oh, noooo, no puede ser, qué catástrofe!, clamaban mis compañeros de profesion ante semejante arbitrariedad, una discriminación propia de regímenes totalitarios y completamente extemporánea en una sociedad abierta y moderna del siglo XXI. Mientras, yo, pensaba para mis adentros que sí, que está claro, que desde el punto de vista del derecho a la información no hay por donde cogerlo, que es una censura típica de otros tiempos. Pero, a la vez, me decía que a quién le importa lo que digan esos niños grandes y malcriados, pintarrejeados, groseros muchas veces, que se creen los amos del universo pero que son incapaces de construir una frase con sujeto, verbo y predicado (¿predi... qué?, preguntaría más de uno). Quedarnos sin las interesantísimas declaraciones de Messi o de Neymar al final de un encuentro, no tener que aguantar a Piqué durante una temporada, no poder oír el verbo fácil y fluido de Jordi Alba, la vasta cultura que atesora Mathew, el tono de orador de Iniesta... ¡Qué maravilla! Pero no, al final fue que no, donde dije digo digo Diego, el Barça echó marcha atrás. Lo sostengo desde hace tiempo, aquello que decía José María García de que lo peor del fútbol eran los directivos creo que ya no es así. O ya no es sólo así. Los futbolistas de élite, como casta, dejan mucho que desear, no hay más recordar las ausencias en la gala de la Liga que recientemente se celebró en Valencia. Pequeños dictadores que imponen su ley ante la incapacidad de sus clubes para controlarlos. Ojalá todos copiaran lo que estuvo a punto de hacer el Barcelona, dejarnos sin entrevistas. Un sueño.