Las Provincias

UN BUEN EXPRESIDENTE

Hay gente que reúne las condiciones idóneas para desempeñar un cargo. Y también hay quien ofrece su mejor perfil después de haberlo desempeñado. Ximo Puig lleva año y medio de presidente del Consell, en una coalición con dos socios que son más para vigilar que para confiar, navegando en una coyuntura financiera diabólica y cayendo en la tentación de ser protagonista en la reyerta federal de su partido. Que Mariano Rajoy vuelva a presidir el Ejecutivo central le da pie a seguir echando a Madrid la culpa de todo, aunque hasta sus fieles -y él mismo- puedan reconocer que reducir al discurso del agravio todo el bagaje político de una administración que gestiona 18.000 millones pueda sonar ridículo. Puig trata de acelerar con la nueva televisión, sabedor no sólo de la utilidad política del instrumento, sino también por el convencimiento ideológico de la necesidad de contar con un medio de comunicación que se exprese en valenciano. Contempla ya las salidas de al menos dos consellers -Carmen Montón y Rafael Climent- para tratar de reanimar a su Ejecutivo y es consciente de que tendrá que relevar sí o sí a Manuel Mata de la portavocía de Les Corts, a pesar de la dificultad de encontrar una pieza en el grupo socialista capaz de sacar de quicio en tantas ocasiones al PP. Observa las encuestas y sabe -esa excletxa es muy buena, compañero- que las próximas elecciones autonómicas no serán cuesta arriba, sino imposibles. Hace kilómetros y kilómetros, va y viene a Madrid y contempla pese a todo la recuperación de los populares en la Comunitat. La hipoteca reputacional de la que tanto habla y que asegura combatir constituye un discurso noble, pero de rédito político escaso. A sus 57 años -tendrá 60 en las próximas autonómicas si no hay adelanto electoral- quizá ya piense en la edad de Isabel Bonig o en la de Mónica Oltra (ambas 46) y en que el tono vital es muy diferente. Y que en su propio partido los Jorge Rodríguez (37 años) o Carlos Fernández Bielsa (36) también hacen ya sus propios cálculos, aún a sabiendas de que el PSOE de dentro de dos años podría ser residual (o inexistente). Y sin querer, o queriendo, al presidente del Consell le asoma el gesto de senador territorial por la Comunitat o de miembro nato del Consell Jurídic Consultiu. Y quizá se imagina relatando anécdotas de su etapa al frente del Gobierno valenciano, de su papel en la caída de Pedro Sánchez. A Puig se le pone cara de expresidente de la Generalitat y uno se lo imagina ya paseando por Morella, saludando a los vecinos, relatando anécdotas. Al líder del PSPV se le podrá juzgar bien o mal por su labor al frente de la administración autonómica en una coyuntura tan complicada. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que ejercerá una magnífica labor como expresidente del Consell.